miércoles 4 de enero de 2012

Dos grandes clanes: los Sasiola y los Irarrazabal

DV - 03.01.12 -F. I. | DEBA.

Ya en el siglo XV, en la villa se fueron formando unas élites urbanas, las que ostentaban el mayor poder económico. Los más importantes de estos clanes fueron los Irarrazabal y los Sasiola.

En principio, ambos solares se ubicaban en el término jurisdiccional de la villa, lo que denota que ya eran importantes antes de la fundación de la villa.

Buen número de tratadistas han adjudicado a estos dos clanes la condición de «parientes mayores». En este libro de los historiadores Azpiazu y Elorza, en cambio, se cita un documento que hace pensar lo contrario. En el famoso desafío lanzado en Elgoibar el último día de 1456, por los parientes mayores guipuzoanos encabezados por los señores de Olaso, Lazkano y Balda, contra ocho villas y representantes de la Hermandad de Gipuzkoa, se amenaza expresamente a «Jofre Ybáñez de Sasiola e Martín Ochoa de Yrarraçabal, vecinos de la villa de Monreal de Deva».

Los Irarrazabal eran prebostes. En principio, este cargo provenía por designación real, y desde la práctica constitución de la villa, el prebostazgo había recaído en este clan, en recompensa a los favores servidos con sus navíos a la causa real.
Los prebostes eran los encargados de prevenir los delitos y capturar y custodiar a los delincuentes.

Los Sasiola por su parte, «presentaban en general un perfil más tecnócrata», según se puede leer en el libro. Martín Ochoa de Sasiola y Mezeta prestó sus servicios como secretario y tesorero a uno de los grandes de la nobleza, como era el Condestable de Castilla, jefe militar del reino y máximo representante del mismo en ausencia del monarca. Este Sasiola fue uno de los personajes que, el 25 de noviembre de 1539, recibieron al emperador Carlos V al entrar en Gipuzkoa.

Fuente: El Diario Vasco

martes 3 de enero de 2012

El río Deba fue una autopista

Entre los siglos XV y XVII fue la gran vía de unión entre la Meseta y el Cantábrico. Era navegable en sus últimos doce kilómetros y todavía quedan en pie varias lonjas, como la de Maaspe
DV 03.01.12 - 02:01 - FELIX IBARGUTXI | DEBA.


El río Deba -navegable entre su desembocadura y el barrio elgoibartarra de Altzola- fue una gran autopista comercial entre los siglos XV y XVII. Por allí salió la lana de Castilla hacia el mar, hacia Flandes; por allí se transportó el famoso acero de Mondragón hacia Sevilla y hacia las Américas; en dirección contraria, por esas aguas subió la grasa de ballena hacia Castilla.

La semana pasada se presentó en Deba el libro 'Deba, una villa de vocación marinera y mercantil (siglos XV-XVII)', que informa al detalle de la faceta comercial de esta vía fluvial.

Tradicionalmente, han sido navegables los últimos doce kilómeros. Desde la desembocadura hasta Sasiola, la navegación es muy cómoda, ayudada por las mareas. A partir de ahí, hasta Altzola, hacen falta pértigas. El transporte se hacía mediante unas embarcaciones de fondo plano, llamadas en euskera 'alak'. Existe un viejo término que también ha llegado hasta nuestros días: 'alaga'. Era la pértiga de madera con punta metálica que se usaba para impulsar la embarcación.

El transporte fluvial resultaba muy ventajoso: mientras una mula podía transportar hasta 150 kilos, una embarcación era capaz de acoger cerca de 1.000.
Según cuentan José Antonio Azpiazu y Javier Elorza en su libro, publicado gracias a la beca de Ostolaza Kultur Elkartea, la población de Deba «tuvo una posición de privilegio en las relaciones comerciales entre la Meseta y el Cantábrico». Desde el interior hacia el mar, se comercializaba el hierro y el acero de la provincia, la lana de Castilla y el trigo de Vitoria-Gasteiz); desde la mar hacia el interior, circulaban la grasa de ballena, el pescado (sobre todo el bacalao) y los paños.

La conexión Vitoria-San Sebastián era mayormente por el valle del Deba, y no por la cuenca del Oria, como lo es en la actualidad. Un texto antigua lo relata así: «Desde la dicha çiudad de Vitoria y villa de Vergara se conduce para la de San Sebastián con mucha comodidad el trigo por la vía de la dicha Alçola y Deva en varcos y pinaças y en más cantidad que no en cavalgaduras por la vía de Santadrián, Segura y Tolosa».

Pero eso es agua pasada. Hoy en día, al margen de algunas personas en busca de angulas, nadie transita por las aguas del río Deba. Aún así, lo que son las cosas, los testigos más antiguos recuerdan que hubo carreras muy populares de 'alas', que, impulsadas por las mencionadas 'alagas', llegaban hasta Mendaro.

«La vida en el cauce de la ría debió de ser extraordinariamente rica, tanto en la fabricación de naos como en el transporte y pesca», han dejado escrito Azpiazu y Elorza. Se trataba de una sociedad violenta, y los viejos legajos dan noticia de abundantes sucesos trágicos. Por ejemplo, el acaecido el 6 de agosto en 1542, cuando Madalena de Zubialde recibió «una estocada en la ingle mortal» ante «muchos testigos». Acudió un cirujano, quien apreció que se trataba de una herida incurable, y de hecho la mujer expiró en presencia de dichos testigos.

La ría de Deba era una importante vía de salida para el hierro trabajado en las ferrerías. Oñati, el condado controlado por el linaje de los Gebara, también se valía de esa salida al mar. El año 1531, Juan de Lastur, maestre de nao vecino de Deba, se compromete con el mercader oñatiarra Nicolás Pérez de Lazarraga a navegar a Sevilla. Acuerdan transportar a la capital hispalense 396 cabos de hierro, cinco cajas de herraje y otras mercancías.

Otro elemento que con frecuencia viajaba en las aguas del río Deba eran las armas destinadas a la Corona española. También bajaba por el cauce fluvial el apreciadísimo acero mondragonés, «cuya calidad pone Garibay a la par del acero de Milán, con la ventaja de que el procedente de Arrasate se podía reutilizar sin menoscabo de su calidad». Los historiadores Azpiazu y Elorza se han topado con que el año 1539 se menciona una embarcación que lleva ese acero a la ciudad francesa de Nantes. Pero la referencia más directa y frecuente para los mercaderes vascos era Sevilla.

La grasa de ballena -el llamado saín, procedente sobre todo de Terranova- también transitó con frecuencia por el Deba. El tráfico de esta mercancía con destino Vitoria era constante. Generalmente, el saín partía de San Sebastián, luego recorría todo el Valle del Deba hasta el puerto de Arlaban.

El comercio de la lana fue otro de los pilares. Procedía básicamente de Castilla, pero la zona de La Rioja también tenía su importancia. Existe un documento de 1547 que informa del traslado de cinco sacas de lana de Ezcaray a Altzola. También hay constancia de un traslado desde Gatzaga hasta Deba, de nada menos que 344 sacas. La localidad cercana al Alto de Arlaban tuvo también una gran importancia comercial.

Elemento imprescindible para el desarrollo del comercio eran las lonjas. Se trataba de inmuebles destinados al almacenamiento y custodia de los productos que manejaban los mercaderes. Hubo bastantes, y la lonja por excelencia es Maaspe, un edificio que ha pervivido hasta nuestros días. Su nombre significa en euskera «Debajo de las viñas». Como dicen los autores del libro, «este inmueble permanece hoy en día milagrosamente enhiesto, tras soportar todos los embates que en aras de la modernidad ha sufrido la zona donde se asienta (trazado del ferrocarril, carretera, alineación de riberas, encauzamiento del río, etc), así como por fenómenos naturales (riadas, tempestades...)».

Personajes muy europeos

En la presentación del libro, los autores ofrecieron al público debarra varias anécdotas muy ilustrativas, como la del testamento de Martín Alós de Amilibia, hombre de mar nacido en 1480. Al sentirse mal, redactó en un testamento cerrado el destino que se les debía de dar a las monedas de un pequeño cofre. Y la variedad de monedas nos muestra un hombre muy viajado: había 'tostones' de Venecia y Génova, 'gruesos de cruces' ingleses y piezas de la Liga Hanseática, del norte de la actual Alemania. «Quiere decir que los debarras de entonces andaban por Europa como por el pasillo de su casa», comentó Elorza.

El historiador de Soraluze residente en Elgoibar se refirió también al «primer caso de secuestro político conocido en Gipuzkoa». Se trata de la retención por la fuerza del azpeitiarra Juan Martínez de Olano, a cargo del señor Ruiz de Olaso, cabecilla del bando gamboíno. El secuestrado pasó la primera noche en el caserío Garate, de Elgoibar, y de allí fue trasladado hasta Bermeo.

El infortunado era un activo miembro de la Hermandad, contraria al poder de los nobles banderizos. Así las cosas, la Hermandad comenzó a mover los hilos para conseguir la liberación. Se pusieron en contacto con el vicario de Mutriku, Gonzalo de Mezeta, que era pariente del secuestrador. Y ahora viene el detalle relacionado con Deba: las negociaciones se llevaron a cabo en la torre de Maaspe de esa localidad. Se acordó pagar un rescate de 346 doblones de oro, el equivalente a unos seis millones de euros.

Fuente: El diario vasco

miércoles 23 de marzo de 2011

Los mineros prehistóricos de Amezketa

Localizan importantes vestigios de minería de la Edad de Bronce en el coto minero de Arritzaga

23.03.11 - 03:13 -
NEREA AZURMENDI |DV SAN SEBASTIÁN.

Los hallazgos realizados en el coto minero de Arritzaga, en el término municipal de Amezketa, han permitido trazar una línea que une la Edad de Bronce con el año 1965, fecha en la que cesó definitivamente en ese enclave de Enirio-Aralar una actividad minera de la que había constancia ininterrumpida desde tiempos de los romanos pero que, a la luz de los últimos vestigios encontrados en la zona, puede retrotraerse en el tiempo hasta mediados del primer milenio antes de Cristo.
«Tenía que llegar, y ha llegado», afirmó la arqueóloga Mertxe Urtega, directora del proyecto, al referirse a los hallazgos que han sido posibles gracias al trabajo que vienen realizando en la zona desde 2008 los espeleólogos de la sociedad Félix Ugarte, cuyo presidente, Txomin Ugalde, detalló ayer cómo habían trabajado en el marco del programa de investigación de la minería antigua que desarrollan en colaboración con la Fundación Arkeolan y el apoyo de la Diputación Foral de Gipuzkoa.

Ambos hicieron referencia a las excelentes condiciones previas que ofrecía el entorno, y destacaron que una de las claves para realizar el importante descubrimiento ha sido, básicamente, «empezar a mirar con otros ojos». Como recordó Mertxe Urteaga, Gipuzkoa, con mineralizaciones metálicas de interés repartidas prácticamente por todas las zonas montañosas del territorio, es junto con Jaén una de las zonas de la península donde a lo largo de la historia se ha registrado más actividad minera, lo que se refleja en la enorme densidad de concesiones mineras existentes.

En el conjunto de Gipuzkoa, y pese a la preponderancia que han adquirido los yacimientos de Oiartzun o Irun, no era en absoluto desconocido el valor que como coto minero tenía Arritzaga, donde ya constaba que habían extraído mineral los romanos, que se había proseguido con esa actividad en la Edad Media y que, en el siglo XVIII, se instaló un importante poblado minero que atrajo a muchos trabajadores centroeuropeos. Como destacó en la presentación de los hallazgos que tuvo lugar ayer en San Sebastián el alcalde de Amezketa, Jesús Iñurrita, los amezketarras de cierta edad no necesitan recurrir a los libros para tener constancia directa de la tradición minera de la localidad, ya que ellos mismos vieron cómo se cerraba a mediados de la década de los sesenta del pasado siglo la última empresa que explotaba las riquezas minerales del subsuelo del macizo de Aralar.

Una nueva perspectiva

Con todos los precedentes locales y los referentes foráneos a favor, se trataba de apostar por otra perspectiva, dar por buena la hipótesis de que pudo existir en Gipuzkoa minería prehistórica, previa a la llegada de los romanos y sus conocimientos, y lanzarse a actuar en consecuencia. Fue, como indicó Txomin Ugalde, plantear la hipótesis adecuada, empezar a buscar vestigios y comenzar a encontrarlos.

Mineros muy expertos

Los primeros y más evidentes rastros de actividad minera se hallaron en las monteras, en las zonas superficiales de oxidación del mineral primario que, probablemente y por razones no muy distintas, fueron también las primeras que explotaron los buscadores y extractores de minerales goierritarras de hace tres milenios. Pero los hallazgos no se redujeron a lo que puede considerarse la forma más básica y sencilla de minería. Aguzando un poco la vista y ampliando un tanto la hipótesis de trabajo, cayeron en la cuenta del valor que, a efectos de extracción de minerales, podían tener las grandes zanjas, propias de los macizos karsticos, que a lo largo de los siglos se habían ido colmatando de tierra e impurezas. 'Impurezas' que, tras los pertinentes análisis, han demostrado tener hasta un 14% de cobre. Ya lo detectaron los mineros prehistóricos de Amezketa que, utilizando una técnica que coincide con la empleada en otros yacimientos mineros de la misma época en zonas como Gales, procedieron a vaciar las zanjas y a aprovechar el mineral, dejando al descubierto trincheras de más de cinco metros de profundidad que, en algún caso, dibujan en el terreno cicatrices que se acercan al medio kilómetro de longitud.

Como destacaron en la presentación, nos encontramos ya ante técnicas mineras depuradas que, a la luz de los resultados de los análisis por carbono 14 que se han realizado en Suecia, datan la actividad en la Edad del Bronce Medio, hace unos 3.500 años. No obstante, los mineros de Aralar dieron un paso más y, «horadaron en el subsuelo en caliza persiguiendo un filón de cobre de unos 30 ó 40 centímetros, algo que requiere metodología y habilidad». Teniendo en cuenta que el único útil que se ha encontrado por el momento es una herramienta hecha con una cornamenta de ciervo, «que puede ser del inicio de la edad de los metales», la habilidad y la fuerza de nuestros antepasados queda fuera de toda duda.

Ya en nuestros días, lo que requiere la mirada retrospectiva a la prehistoria de la minería vasca es espeleólogos expertos, ya que si moverse por las zanjas es complicado, adentrarse en una galería de 50 metros cuya entrada apenas merece la consideración de gatera es extremadamente difícil y peligroso, y también lo es trabajar en su interior. De lo angosto de los pasajes y la dificultad de moverse en la mina dan fe los miembros de la sociedad Félix Ugarte que, dirigidos por Mertxe Urteaga, llevan tres o cuatro años desplazándose regularmente -«por afición, no de manera profesional y remunerada»- en grupos de seis y ocho personas al complejo que es, de momento, el único lugar de la Comunidad Autónoma donde se ha encontrado constancia de minería prehistórica. Su pariente geográficamente más próximo se encuentra en las minas de cobre de la localidad bajonavarra de Banka.
En los prolegómenos

Incluso en el contexto europeo son escasos los yacimientos mineros de estas características; en el estatal, apenas hay dos referencias, una en Asturias y otra en Huelva. Por lo tanto, esa rareza avala la excepcionalidad de los hallazgos realizados en Aralar que, según Mertxe Urteaga, están todavía en una fase muy incipiente, en los prolegómenos.

El futuro inmediato del proyecto es vaciar, con metodología arqueológica, una mina que ha permanecido sellada durante siglos, ya que los desarrollos mineros más modernos se implantaron en una zona relativamente alejada. «Ir sacando lo que han ido dejando sucesivas generaciones de mineros ofrece posibilidades inmensas, a costa de una una planificación exhaustiva», adelantó Urteaga. «Después de 2.000 años, los primeros que entramos fuimos nosotros», recordó, recreando la emoción del momento, Txomin Ugarte.

Ambos, en cualquier caso, destacaron que, una vez dadas a conocer las primeras sorpresas, lo más importante en esta fase es armar un buen proyecto que planifique el trabajo de los próximos años y permita extraer toda su riqueza a este coto minero de Aralar. El trabajo que se realice en Arritzaga, además, puede ayudar a desarrollar una metodología que permita extender la mirada que en este caso ha dado tan buenos resultados a otros lugares de Gipuzkoa y Euskadi, donde es muy probable que puedan realizarse hallazgos similares al de Amezketa.

Fuente: Diario Vasco