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domingo, 15 de julio de 2012

Arqueología comunitaria en Murugain

Arqueólogos y vecinos trabajarán en equipo en la cima aramaioarra. La segunda fase de la investigación del poblado de la Edad de Hierro y la Guerra Civil finalizará a finales de mes

  15.07.12 - 00:57 - NAGORE GOÑI | ARRASATE.

La cima de Murugain será un verano más punto de encuentro de arqueólogos y vecinos, que trabajarán en equipo en la investigación del poblado de la Edad de Hierro y la Guerra Civil. Tras una primera fase de trabajos arqueológicos que dieron sus frutos el verano pasado, el ayuntamiento de Aramaio, en colaboración con la Asociación para la recuperación del patrimonio (AOBT), y la empresa Ondare Babesa volverán a retomar la semana que viene los trabajos de excavación.

El objetivo será el mismo: estudiar la técnica constructiva de la muralla que rodeaba el poblado de la Edad de Hierro y determinar su estructura, así como sacar a la luz restos de las trincheras del 36. Sin embargo, el trabajo en la cumbre de 778 metros, se verá reforzado con la ayuda de voluntarios, que realizarán labores de excavación manual bajo la dirección del arqueólogo Etor Telleria. Para ello, han establecido días concretos hasta el final de la investigación, dentro de dos semanas. Los voluntarios trabajarán en 'auzolan' los días 18, 21, 25 y 28, de 9.00 a 14.00 horas. Todos los interesados pueden realizar la inscripción antes del martes, 17 de julio, en el ayuntamiento.

Alex Mendikute, miembro de la Asociación para la recuperación del patrimonio de Aramaio, se siente optimista y asegura que cuatro o cinco personas ya han mostrado su interés por el proyecto.

Tras esta segunda fase arqueológica y al igual que el verano pasado, según señala Mendikute, organizarán, esta vez en septiembre, visitas guiadas a Murugain, además de colocar paneles informativos en Aramaio, Untzilla y Murugain.

AOBT lleva ya cinco años apostando por el trabajo comunitario o 'auzolan', y la valoración es «positiva», según Mendikute. «Hasta el momento hemos realizado trabajos de acondicionamiento de caminos, como el de Txingurri, de escaleras como la de Andramari y de la fuente de Maskaño». El año pasado también trabajaron en el yacimiento de Murugain, que cubrieron para preservarlo de la intemperie y realizaron más búsquedas de trincheras. Este verano, volverán a ponerse manos a la obra en Murugain.

De poblado a trinchera 

  El poblado de la Edad de Hierro de Mugurain fue descubierto en 1988 por J. A Mujika y C. Olaetxea. Desde entonces se han acometido varias excavaciones. Ese mismo año, una cata arqueológica dirigida por Carlos Olaetxea de Aranzadi descubrió veinte fragmentos de cerámica a mano y un fragmento de bronce decorado.

 Quince años más tarde Xavier Peñalver y Sonia San José, también de Aranzadi, llevaron a cabo una intervención de valoración del impacto producido por la estación de telefonía móvil, de la que se localizó la estructura muraria que rodea el recinto de Murugain y su derrumbe, que alcanza más de cinco metros de anchura.

En 2005, la colocación de otra antena de telefonía móvil hizo necesaria una intervención arqueológica de urgencia, en la cuál se halló un supuesto espacio de ocupación delimitado por la muralla, donde se localizó material cerámico elaborado a mano.

La investigación de Ondare Babesa también localizó en julio del 2011 restos de cerámica, un molino de mano y varias piedras de afilar, pruebas irrefutables de la existencia de un asentamiento humano estable. La actuación arqueológica también permitió aflorar casquillos de bala, 60 latas y otros objetos bélicos, correspondientes a las tropas que permanecieron atrincheradas en esta cima de octubre de 1936 a abril del 37. Los últimos en protegerse en Murugain fueron los milicianos del Batallón Dragones que se vieron forzados a abandonar la zona tras el ataque de las tropas enemigas el 31 de marzo del 37.

 Fuente: El diario vasco

domingo, 23 de noviembre de 2008

Nuevas corrientes que ahogan al viejo molino

El molino de Ibares ha estado rodando desde el siglo XV, pero la nueva era tecnológica le ha privado de la corriente del Oria.

22.11.08 - LANDER MUÑAGORRI| ARAMA.

DV. Las ruedas del molino de Ibares han aprovechado durante largos siglos las corrientes que le ofrecía el río Oria, corrientes que han servido para que numerosos baserritarras pudieran moler el trigo y el maíz que sembraban en sus praderas.

Aprovechando el tirón que tuvo durante mediados del siglo XX, Ibares (o Ibas como se conoce popularmente) ha sido punto de encuentro para numerosos habitantes de la comarca de Goierri; y es que además del molino, se encontraban también una taberna y una panadería.

Adentrándonos hoy en la sala donde se encuentran los molinos, se puede respirar la gloria o, por lo menos, intuir el duro trabajo que se realizó durante largos años, un olor de añoranza de tiempos mejores. En ella se conservan los cuatro molinos que en su día trabajaron a destajo, pero su rudimentaria maquinaria no ha podido competir con las actuales, y ahora estas viejas muelas de molino ruedan pocas veces.

Tal y como indica Mikel Irizar, actual propietario del molino, «ahora lo tenemos más como un hobby, ya que esto hoy en día no tiene futuro alguno». A pesar de todo, mantiene un almacén de pienso en Lazkao, «pero tampoco se vende tanto como antes, y como el molino muele poco, mantener una persona sale muy costoso». Aún así sarna con gusto, no pica.

Origen incierto

Generaciones y generaciones han conocido el molino de Ibares en ese meandro del río Oria, pero no se sabe a ciencia cierta cuál es su origen. Se desconoce su antigüedad, aunque el primer documento que cita el molino data de 1495.

Sí se sabe que hacia el año 1907-1908 el molino sufrió un incendio. Después de quedar destruido, Saturnino Irizar (padre de Mikel) lo puso en marcha de nuevo. Desde Somorrostro trajo una máquina para limpiar el trigo, y aprovechando la energía que traía el mismo río, colocó un generador alrededor del año 1927. «Surtía de luz a trece viviendas en el barrio de San Juan», recuerda Mikel.

«Al final, en 1964 nos pasamos a Iberduero y dejamos el generador para calentar algunas habitaciones», señala. Hoy es una pieza más del 'museo' que conforma el molino de Ibares.

El mismo Saturnino también abrió la panadería en Ibares también en los alrededores de 1927. Propietario de más panaderías en Ordizia (Bekoetxe) y Beasain (Igartza), era según su hijo «un amante de los molinos». Por algo nació en Errotaundi, de Lazkao, otro molino que se conserva hoy en día.

El pan de Ibares se siguió haciendo hasta el año 1976, cuando los panaderos de la comarca de Goierri se juntaron dentro de una misma entidad para formar de esta manera la actual Pagosa.

El futuro, más incierto

Hubo una época, durante los años 1940 y 1941, en que el molino de Ibares molió el trigo y el maíz de Goierri y Tolosaldea. «En esos años los molinos maquileros se cerraron por ley, debido a la imposibilidad de poder controlar todos los molinos», recuerda Mikel. El de Ibares era del tipo harinero, de los pocos molinos que permaneció abierto.

«Venía gente desde Asteasu, Villabona, Larraul...» y las cuatro muelas de molino trabajaron día y noche. La gente se agolpaba esperando a que llegara su turno, y de ahí vino el nacimiento de la taberna. Después de haber estado abierto alrededor de dos décadas, con la muerte de Saturnino, en 1960, se cerró la taberna.

Pero el molino siguió rodando y siguió moliendo trigo, hasta que los baserritarras dejaron de plantarlo, y es que la harina que se traía de Navarra se vendía más barata y era de mejor calidad. Así, hubo una transformación, se metieron más vacas en los caseríos y como el negocio del molino estaba ligado a los caseríos, Ibares se dedicó al pienso, tal y como sigue hoy en día.

Las vacas, sin embargo, han ido dejando las cuadras de nuestro entorno y el pienso se vende a duras penas. Mikel preveía esta bajada, tanto que después de los destrozos de las inundaciones de 1983 apenas se reconstruyó la sala de los molinos de Ibares. Las crecidas de los años 1933 y 1953 también dejaron destrozos, pero se pudo seguir adelante. Pero la última fue la mayor y la definitiva, la que hizo desistir a Mikel de seguir adelante.

El molino siempre ha necesitado las corrientes del río, como el pez necesita al agua, pero fue la corriente la que le quitó las esperanzas de mantener a flote Ibares. El río Oria seguirá bañando las orillas de este ancestral molino, pero las ruedas ya nunca molerán como lo hacían hasta hace no mucho. Y es que la era contemporánea se ha llevado consigo una forma de vivir, la de Mikel por poner un ejemplo, pero su legado y su silencioso trabajo perdurarán en el tiempo mientras el molino siga rodando.

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