domingo, 24 de marzo de 2013
Premio Blogafari 2013
Aunque no haya hecho muchos méritos últimamente, he tenido el honor de recibir el premio Blogafari 2013 por este humilde blog de Historia de Guipúzcoa. Premio compartido con otros 5 ilustres blogueros:
Ander Izagirre y su Periodismo con botas
Xabier y su blog sobre El Leizarán y otras cosas
Imanol y su BuscoaImanol
Josean y su Eresfea
Sergio y su blog homónimo Sergio Fanjul
Desde aquí quiero expresar mi agradecimiento al jurado y a todos los lectores de Historia de Guipúzcoa, que con sus visitas, comentarios y consultas han contribuido a su existencia.
¡¡¡¡Muchas gracias a todos!!!
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miércoles, 4 de enero de 2012
Dos grandes clanes: los Sasiola y los Irarrazabal
DV - 03.01.12 -F. I. | DEBA.
Ya en el siglo XV, en la villa se fueron formando unas élites urbanas, las que ostentaban el mayor poder económico. Los más importantes de estos clanes fueron los Irarrazabal y los Sasiola.
En principio, ambos solares se ubicaban en el término jurisdiccional de la villa, lo que denota que ya eran importantes antes de la fundación de la villa.
Buen número de tratadistas han adjudicado a estos dos clanes la condición de «parientes mayores». En este libro de los historiadores Azpiazu y Elorza, en cambio, se cita un documento que hace pensar lo contrario. En el famoso desafío lanzado en Elgoibar el último día de 1456, por los parientes mayores guipuzoanos encabezados por los señores de Olaso, Lazkano y Balda, contra ocho villas y representantes de la Hermandad de Gipuzkoa, se amenaza expresamente a «Jofre Ybáñez de Sasiola e Martín Ochoa de Yrarraçabal, vecinos de la villa de Monreal de Deva».
Los Irarrazabal eran prebostes. En principio, este cargo provenía por designación real, y desde la práctica constitución de la villa, el prebostazgo había recaído en este clan, en recompensa a los favores servidos con sus navíos a la causa real.
Los prebostes eran los encargados de prevenir los delitos y capturar y custodiar a los delincuentes.
Los Sasiola por su parte, «presentaban en general un perfil más tecnócrata», según se puede leer en el libro. Martín Ochoa de Sasiola y Mezeta prestó sus servicios como secretario y tesorero a uno de los grandes de la nobleza, como era el Condestable de Castilla, jefe militar del reino y máximo representante del mismo en ausencia del monarca. Este Sasiola fue uno de los personajes que, el 25 de noviembre de 1539, recibieron al emperador Carlos V al entrar en Gipuzkoa.
Fuente: El Diario Vasco
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sábado, 3 de enero de 2009
Fallece el historiador Antonio Zabala
DV El historiador, folklorista y etnógrafo Antonio Zavala (Tolosa, 1928), jesuita que dedicó toda su vida al estudio y reconocimiento de la literatura popular vasca, falleció ayer en la Clínica San Miguel de Pamplona. Antonio Zavala, colaborador de DV, ha sido promotor y factótum de la colección Auspoa, en la que se da cuenta con rigor, amor al euskera y una dosis de energía y entrega absolutas a la causa de la cultura, de uno de los tesoros de la literatura popular. En la última década ha residido en el Castillo de Javier. Las honras fúnebres de este hijo predilecto de Tolosa tendrán lugar mañana en la basílica de Javier, de Navarra.
Antonio Zavala forma parte de la nómina más excelente de los entendidos en la cultura popular, y era un eminente científico e investigador, pionero en la materia. Nació el 23 de enero de 1928 en Tolosa. En 1961, con la colaboración de su hermana Arantza, crea la colección Auspoa, con un fondo de 300 volúmenes. En ellos se atesora literatura oral narrativa y poesía popular vasca.
www.diariovasco.com
El académico de número de Euskaltzaindia Antonio Zavala Etxeberria falleció ayer, en Iruñea, a la edad de 80 años. El funeral en su memoria se celebrará mañana, 4 de enero, en Xabier.
Antonio Zavala nació en Tolosa, el 23 de enero de 1928. Realizó sus primeros estudios en el Colegio del Sagrado Corazón y los Padres Escolapios. A la edad de 17 años ingresó en los Jesuítas, en Loiola. Estudió Humanidades, Filosofía, Magisterio y Teología. En 1959 se ordenó sacerdote.
Antonio Zavala ha dedicado gran parte de su vida a potenciar la literatura popular: a su análisis, difusión y fomento. Ya desde niño, desde que asistiera en directo a un recital de bertsolaris, comenzó a mostrar su afición. Sin embargo, no fua hasta 1949 que se hizo con su primer bertso-papera, que compró al bertsolari Pello Saikola. Más tarde, con aquellos bertsos publicaría unos de los volúmenes que integrarían la colección Auspoa.
Auspoa, contribución de enorme importancia que Antonio Zavala ha realizado a la cultura vasca, nació en 1961. El primero de los libros que la integraron fue Sagardoaren graziya y en él recopiló los bertsos del tolosarra Ramon Artola. Después vendrían todos los libros que ya conocemos, dedicados a nombres ilustres de la cultura vasca, como Txirrita, Pello Errota, Pedro Mari Otaño, Udarregi, Errikotxia, Xenpelar o Bilintx. En esta colección se han publicado más de 280 libros, tanto en prosa como en bertso, y el propio Zavala ha sido autor de más de cien. En el resto ha ejercido las funciones de recopilador, supervisor, editor.
Además de Auspoa, Antonio Zavala creó también la colección Biblioteca de Narrativa Popular, en la que recopiló historias de la literatura castellana. En ella dio a conocer escritos, la memoria, de numrosos escritores que ejercieron en lengua castellana: Indalecio Zaballa, Masio; el navarro Humbelino Ayape; Hilario Jarne; Justo Peña; Daniel Cuesta; Félix Lumbreras; Eloy Tejada....
En 1956, con motivo de la primera reunión que organizó Euskaltzaindia tras la guerra civil, Antonio Zavala ya disertó sobre el tema que le apasionaraía toda su vida, sobre la publicación de los bertsos. Zavala pedía la participación popular para poder recuperar los miles de bertsos que se encontraban desperdigados por toda Euskal Herria.
En 1961 Euskaltzaindia le nombró académico correspondiente y tres años más tarde, en 1964, académico de número. No fue nombrado en sustitución de nadie, sino que fue designado para llevar una nueva medalla, en reconocimiento a su inportante labor en defensa de la lengua y de la cultura popular vascas. En aquella época Antonio Zavala ejeció como jurado en los cameponatos de bersolaris que por aquel entonces organizaba Euskaltzaindia. Asimismo, él llevaba al papel los bertsos y se encargaba de su publicación.
Ha publicado colaboraciones en La Voz de España y Diario del Alto Aragón, así como en El Diario Vasco.
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miércoles, 26 de noviembre de 2008
Acontecimiento del día

Hoy, miércoles 26 de Noviembre de 2008, trás 9 meses y medio de embarazo y 24 horas de parto, a las 21:40 horas, con 3 kilos 215 gramos de peso y 52 centímetros de estatura, guapetón como la madre, igualito de cara a su padre y rubio como su tio (de pequeño), ¡ha venido al mundo mi sobrino Alex!
PD: Parece ser que lo que la primera noche parecía rubio, con la luz del día ha resultado ser pelirrojo. Por cierto, que brillando en el cielo, se encuentran como testigos del feliz acontecimientos, los dioses-planetas Júpiter y Venus.
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sábado, 13 de septiembre de 2008
Las remeras de Pasajes
Acuarela de T. L. Hornbrook, hacia 1830. (Fotos de álbum SIGLO XIX).
Con motivo de la celebración de este Domingo de la 1ª Bandera Femenina de La Concha, quisiera recordar a otras remeras que las precedieron y cuya fama aún perdura.Puerto de pasajes a mediados del siglo XX. (Foto de Euskonews & Media)
El puerto de Pasajes consiste en un pequeño fiordo con un estrecho canal o pasaje que a través de los montes Jaizquibel y Ulía comunica el mar con la bahía que se forma a en la desembocadura del río Oyarzun, lo cual si bién ha protegido siempre a los barcos de los temporales, también obligaba a muchos de ellos a tener que recurrir a la ayuda de remolcadores que los llevase entre las rocas.
Desde al menos el siglo XVI hasta principos del siglo XX, hay constancia escrita en los libros municipales de los ayuntamientos de Pasajes de San Juan y Rentería, de que quienes se dedicaban tanto a estas labores, como al transporte de pasajeros y marcancias de un lado a otro de la bahía o de los barcos a tierra, eran las mujeres vecinas de Rentería, Lezo y de Pasajes de San Juan y San Pedro, puesto que los hombres normalmente se hallaban embarcados en barcos pesqueros, mercantes o de guerra.
Grabado de B. Hennebutte Feillet, hacia 1850. (Fotos de álbum SIGLO XIX).
Este hecho insólito, de que quienes realizaran estas taréas tan árduas fueran mujeres, llamaba por fuerza la atención de todo viajero que cruzase por aquí, y de hecho aparecen mencionada en los libros de viajes que escribieron algunos escritores de los siglos XVII al XIX, como Marie Catherine Le Jumel, condesa de Aulnoy en su "Viaje por España" o J. Mañé y Flaquer en su "El Oasis, viaje al País de los Fueros". También aparecen mencionadas por Lope de Vega en una de sus obras de teatro aunque sería Bretón de los Herreros, quien con su drama "La batelera de Pasajes", estrenada en 1842, las popularizara por toda España.
Grabado de H. Feillet, de 1852. (Fotos de álbum SIGLO XIX).
También algunos historiadores de la provincia, como Lope Martinez de Isasti en su "Compedio Historial" o Manuel de Larramanedi en su "Corografía", nos han hablado sobre ellas.
Según Lope de Isasti, en 1625, hablando de Pasajes, nos cuenta:
"... así mismo ha tenido y tiene este lugar mujeres varoniles, que sin temer las tormentas de la mar, han acudido con chalupas a atoar y meter en el puerto galeones de la armadadas reales y otras naos que vienen de Terranova y de otras partes, remando con gran esfuerzo como si fuesen varones en falta de los marineros que andan por la mar en sus viajes".
"... mostraron su destreza en gobernar barcos y chalupas y en el uso de las armas".
Con motivo del paso de Felipe III por este lugar en 1615, algunas mujeres se acercaron con sus arcabuces como si fueran amazonas, mientras otras iban remando junto a la gabarra real tocando el pandero y cantando canciones de la tierra.
Años después, su sucersor el rey Felipe IV, con su hija María Teresa, durante un viaje por Guipúzcoa en el año 1660, se les obsequió con una gira por el canal y el puerto y tan prendados quedaron de las bateleras, que más tarde quisieron llevar algunas á Madrid, para que los pasearan por los estanques del Buen Retiro, pero, a pesar de que algunos historiadores afirman lo contrario, no fué posible hallar muchachas que marcharan a Madrid.
Grabado Fº de Paula Mellado, de 1846. (Fotos de álbum SIGLO XIX).
Aunque a lo largo de la Historia muchos hombres las han mencionado en sus libros o cartas, es la condesa de Aulnoy , en 1679, la única que nos describe a estas bateleras con un poco más de detalle:
"Esta mozas son altas, de cintura delgada y color moreno, sus dientes blanquisimos y admirables; su cabello negro y lustroso como el azabache, trenzado y rematado con lazos de cinta, cae por la espalda. Llevan sobre la cabeza una gasa fina bordada en oro y seda, que bordea el cuello y cubre la garganta; usan pendientes de perlas y collares de coral, y una especie de jubón de mangas muy estrechas, como las nuestras bohemias; su aspecto agrada y seduce. Dicese de estas marineras que nadan como peces y no admiten es su particularísima sociedad a otras mujeres ni a ningún hombre; constituyen una especie de república independiente, a la que acuden las afiliadas desde muy jóvenes con beneplácito de sus padres, que las destinan a tal oficio...".
También nos describe sus barcas, pequeñas, limpias y decoradas con banderolas de colores y conducidas con habilidad y ligereza por tres mujeres, dos a los remos y una al timón. Y además añade la anécdota de como a su cocinero, al propasarse con una de ellas, ésta le abre la cabeza con un remo. Más tarde al recibir una indemnización por los desperfectos causados por la pelea, las barqueras gritaban, saltaban y bailaban al son de las panderetas.
La barqueras de Pasajes siguieron remando hasta principios del siglo XX, cruzando la bahía de una orilla a otra, contra mareas y temporales, realizando una labor tan dura como cualquier hombre.
Seguramente, si se hubieran enterado que la distancia de las regatas femeninas iban a ser la mitad que las masculinas, hubieran armado una buena, y si no, que se lo pregunten al cocinero de la condesa.
Grabado de Gómez, de 1879. (Fotos de álbum SIGLO XIX).
Para saber más:
Bateleras de pasajes, de R. M. Cantín. (1995)(Recomendado)
Geografía de Guipúzcoa, de S. Múgica. (1916)
Compedio Historial de Guipúzcoa, de Lope Martinez de Isasti (1625)
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domingo, 9 de marzo de 2008
Fallece el historiador J. I. Tellechea Idígoras
Fallece a los 79 años el historiador José Ignacio Tellechea Idígoras. Su inmensa obra ha contribuido a aportar luz sobre muchos personajes. Los funerales se celebrarán el próximo martes en la catedral del Buen Pastor.
San Sebastián. DV.
Ayer falleció en San Sebastián el historiador, académico y catedrático donostiarra José Ignacio Tellechea Idígoras, apenas un mes antes de cumplir los 80 años. Su funeral, oficiado por el obispo de San Sebastián Juan María Uriarte, se celebrará el próximo martes en la catedral del Buen Pastor.
Apasionado por la Historia desde que era un niño, José Ignacio Tellechea Idígoras deja tras de sí un impresionante legado intelectual, que no sólo ha construido en solitario a base de interminables horas de investigación en archivos y bibliotecas, sino que ha compartido a través de las numerosas entidades vinculadas a la cultura y a la ciencia de las que ha sido miembro activo. Entre ellas pueden destacarse la Biblioteca Doctor Camino de San Sebastián -que contribuyó a fundar en 1966 y presidió durante varias décadas-, la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, Eusko Ikaskuntza, Euskaltzaindia o la Academia Española de la Historia.
Compartir los hallazgos
José Ignacio Tellechea Idígoras reconocía que un atlas y un libro de historia que puso en sus manos un profesor cuando sólo era un niño y estudiaba en el Seminario de Vitoria le mostraron el camino que ha seguido desde que, a los 21 años, publicó su primer libro.
Afirmaba también que los archivos -sobre todo los del Vaticano, donde trabajó muchos años- y bibliotecas eran un «canto de sirena» al que no podía resistirse. Esa forma de trabajar, basada en fuentes originales, aportó a su obra uno de sus principales rasgos: la incesante aportación de datos inéditos y desconocidos que, como él decía, son los que «contribuyen a enriquecer la Historia». No ocultaba, sin embargo, que el aspecto más satisfactorio de su trabajo era «el gozo de comunicar a los demás lo que he descubierto».
José Ignacio Tellechea Idígoras emprendió y culminó proyectos monumentales. El que él reconocía como más importante fue el dedicado a fray Bartolomé de Carranza, sobre quien publicó más de 20 libros. Catalina de Erauso, Felipe II, San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier, el padre Larramendi, Unamuno, Zuloaga... Son muchos los personajes cuya figura Tellechea Idígoras contribuyó a esclarecer, al tiempo que, a través de ellos, aportaba luz a la historia. Uno de los trabajos de los que sentía más satisfecho, sin embargo, era la biografía de San Ignacio de Loyola Ignacio sólo y a pie, traducida a seis idiomas, porque «es un libro que ha hecho bien a mucha gente».
En 2001, con motivo de la entrega del premio Manuel Lekuona otorgado por Eusko Ikaskuntza, le calificaron de «historiador químicamente puro» y él mismo decía que «la investigación ha marcado la línea de mi vida desde los 28 años», pero tenía también otras dimensiones como la docente y la sacerdotal, que cuidó con la misma dedicación.
A lo largo de su vida la enfermedad no le ahorró duras experiencias, pero siempre se sobrepuso. Hace poco más de un año, con motivo del emotivo homenaje que le ofrecieron por sorpresa en Loyola y en Zumaia, aseguraba que seguía lleno de proyectos. «Estoy en la cuarta edad, y pronto en la quinta velocidad, pero mientras Dios me dé vida seguiré trabajando», afirmaba quien, unos años antes, aseguraba que «tendría que vivir doscientos años para acabar todo lo que tengo entre manos».
BIOGRAFÍA
Nació en San Sebastián el 15 de abril de 1928. Tras terminar sus estudios en los seminarios de Bergara y Vitoria, se doctoró en Teología y se licenció en Historia de la Iglesia en la Universidad Gregoriana de Roma. Se licenció con premio extraordinario en Filosofía y Letras, especializándose en historia y en 1966 obtuvo la cátedra de Historia de la Iglesia en la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue también profesor, bibliotecario y rector del Seminario de Donostia. Socio fundador, presidente y director de la Biblioteca Doctor Camino, era amigo de número de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, miembro de Eusko Ikaskuntza y académico correspondiente de Euskaltzaindia y de la Real Academia Española de la Historia, así como de las academias de Venezuela y México.
OBRA
Es autor de casi un centenar de libros, así como de incontables artículos, monografías y participaciones en trabajos colectivos. Su trabajo se ha centrado en la historia vasca, española y europea a través, sobre todo, del estudio de las vidas de sus protagonistas. Profundizó especialmente en la historia de San Sebastián.
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viernes, 15 de febrero de 2008
Entrevista a I. Barandiarán en D.V.
Ignacio Barandiarán Maestu, Premio Euskadi de Investigación en ciencias sociales y humanidades: «Llevaron sílex de Urbasa a Asturias. Aquella gente se movía mucho»
FELIX IBARGUTXI F.I.
El prehistoriador galardonado se confiesa «un defensor terrible de José Miguel Barandiarán» y quiere seguir en la UPV como profesor emérito.
El Premio Euskadi de Investigación, instituido por el Departamento de Educación, Universidades e Investigación del Gobierno Vasco, irá a parar el 14 de marzo a manos de Ignacio Barandiarán Maestu (San Sebastián, 1937). Es arqueólogo, especialista en el Paleolítico. Y enseña desde hace un cuarto de siglo en Vitoria, en la Facultad de Historia de la UPV.
- Usted menciona con frecuencia a José Miguel Barandiarán. Creo que era pariente lejano suyo.
- Mi padre era también de Ataun, y fue miquelete. Yo creo que José Miguel y mi padre debieron de ser parientes lejanos. Le conocí físicamente cuando en el año 1953 volvió de Sara y mi padre, que sabía quién era él, me dijo que iba a dar una charla en el museo de San Telmo. Yo tendría quince años. Recuerdo que dio la charla subido a una silla, porque era bajito, y habló sobre utillaje de los caseríos. Luego, no se por qué, me dio por la arqueología y coincidí con él en las cuevas de Aitzbitarte y Lezetxiki. Para mí fue una revelación ese tipo de trabajo.
-¿Por qué?
- Por el modo de trabajar. Yo siempre he sido un defensor terrible de Barandiarán. Hoy está de moda menospreciar sistemas menos impactantes, que no mueven tanto dinero, que no llegan a los media. Aquel hombre, con unos medios de trabajo miserables, se distinguió en metodología para recogida de datos. Hay que ver los manuscritos de Barandiarán. Eso es algo por lo que los vascos debemos sentirnos orgullosos. Ya desde 1924 se hicieron de una forma científica las excavaciones de Ermittia, de Santimamiñe... Mientras, en Cantabria, en el sur de Francia, trabajaban de una manera más desenfadada, con muchos obreros y fuertes movimientos de tierra.
- Hay que recordar que Barandiarán aprendió de los alemanes.
- Hay una imagen despectiva de José Miguel: un hombre con sotana, muy discreto, que hablaba un castellano con mucho deje del euskera... Pero escribía muy bien en castellano, era finísimo. Me ha admirado la gente buena que ha habido en todas las épocas, y un ejemplo es José Miguel. Ahora está de moda la soberbia, la seguridad. Yo soy inseguro, una persona de muy poco foro público.
- Su nombre apenas aparece en los archivos de este periódico.
- Por un lado, porque he pasado por cuatro universidades. Y cuando uno está en la universidad, se le contrata no tanto para investigar como para dar clases. Me vi abocado a sacar oposiciones y las saqué en Historia Antigua. Mi especialidad es el Paleolítico, pero he dado clases sobre Roma, los griegos, los celtas...
- Ha formado a muchos alumnos.
- El pasado diciembre me hicieron un homenaje aquí. Yo no tenía ni idea. La mujer, que es una profesora colaboradora mía, me dijo que iríamos a comer, que no me pusiera nervioso, porque quizá aparecería algún compañero del departamento. Llegué allí y me encontré con una masa de gente, eran antiguos alumnos o gentes que habían coincidido conmigo en excavaciones. Había cerca de 70 personas. Me quedé atónito.
- En estos últimos años ha trabajado en un yacimiento en la sierra de Urbasa.
- En Urbasa hay varios filones de sílex. En la prehistoria fueron canteras. Teníamos la idea de que ese sílex se exportaría. Yo recuerdo que José Miguel Barandiarán decía que su abuelo acudía a Alsasua, al mercado semanal, para reponer los sílex que necesitaban en casa para encender el chisquero, el tabaco. En Urbasa estuvimos ocho veranos trabajando y encontramos dos talleres prehistóricos muy importantes, uno que anda por el 25.000 antes de Cristo -del gravetiense, una cultura del Paleolítico Superior- y otro de finales del Paleolítico Superior, del 9.000 a.C.
- Qué curioso.
- Hemos tenido la suerte de contar con un geólogo, y ahora estamos en un proyecto de estudio de los sitios a los que llegó el sílex de Urbasa. Llegó a Asturias, a Altamira, al sur de Francia y a las Landas. Eso es muy bonito, porque nos da una imagen real de aquella gente. Las gentes del Paleolítico no vivían continuamente en una cueva, cazando cuatro bisontes. Ahora estamos trabajando mi mujer Ana Cava y yo en un abrigo de la zona de Mugarduia, en Urbasa. Ha aparecido una concha de un molusco marino que no da carne para comer, luego era de adorno.
Ahora estamos metidos en otro proyecto: estudiar los distintos sistemas de talla, con una persona muy valiosa, Mikel Agirre, que además de investigar también es capaz de tallar sílex y hace exhibiciones. Le dices: «Hazme una cosa». «¿De qué estilo?» «De 100.000 antes de Cristo». Y te lo hace. Es capaz de detectar gestos técnicos de las piezas que encontramos. Queremos comparar los dos modelos que han aparecido en Urbasa, que son bastante distantes en el tiempo. Entre los sílex que han aparecido había algunos de fuera. Es lógico, porque aquellas personas que subían ahí a tallar traían piezas de otros sitios en el morral. Y hay otro fenómeno curioso: los tallistas utilizan muy poco los instrumentos que acaban de realizar, porque eran para exportarlos. Es como el pastor, que no come carne de cordero, porque es más cara que la de conejo, la que recomienda el ministro. O el pescador, que si come pesca es la que ha salido machacada, las piezas que no va a poder vender después.
- ¿Los sílex de esas dos canteras de Urbasa son de aspecto muy diferente?
- Son similares. Yo a veces no los distingo. Pero el sistema de talla, en un sitio y en otro, difiere completamente.
- Le he oído decir que ha sido un trabajador solitario.
- Quizá por mi forma de ser. Y he trabajado con poco dinero. Ojo, cuando lo he pedido me lo han dado. Yo estoy muy contento. La pena es que no hay trabajo para los jóvenes.
- ¿No hay fondos? Porque los yacimientos ahí siguen...
- Pero hay unos yacimientos más importantes, con más impacto mediático. Y, por otro lado, la universidad nos da medios técnicos importantes, pero no nos da personal. Porque si no hay huecos docentes tampoco hay huecos para investigadores. Eso del I+D+I es una falacia. Nosotros producimos desarrollo intelectual, que no es una tontería de desarrollo. El prestigio y la nombradía no se cotizan hoy en día. Yo me remito a una persona queridísima, que fue Koldo Mitxelena. El que nos integren en lo que se llaman Humanidades no me molestaría mucho si no fuera porque es como un ghetto. El pensamiento, la literatura, la filología pura son hechos que dan fuerza a un pueblo. Pero los grandes pensadores de Europa no pasarían ahora muchos filtros de los que hay para evaluar.
- ¿Qué yacimientos le han supuesto más dificultades?
- No sabría responder. Además, ahora hay equipos especializados y paralelos que van resolviendo distintos problemas. En cambio, yo he trabajado en áreas muy variadas, y a veces me dan pena los que están tan especializados. La gente mayor teníamos más capacidad de abordar problemas diversos.
- Un ejemplo de reto difícil.
- Las vasijas de Axtroki. Quedó demostrado que eran de un oro de Alemania. Quizá fueron escondidas junto a aquella peña porque tenía una forma especial y luego tenían intención de volverlas a recuperar.
- ¿Cómo entró en contacto con esos cuencos?
- Hubo una persona benemérita en Gipuzkoa, que murió el año pasado, Don Cruz Abarrategi, que me persiguió mucho tiempo, porque en el barrio de Eskoriatza en el que vivía está la peña de Aitzorrotz, y solía decirme que debería excavar en ese paraje. Y así, un día le contenté y nos hicimos muy amigos. Al cabo de un tiempo, yo estaba trabajando en la necrópolis de Santa Elena, en Irún, y me llamó nuevamente. Me comentó lo que habían encontrado en su barrio. Abrió una caja como de zapatos, y lo que me enseñó prometía. Surgió un problema: según la legislación, lo que aparecía sin dueño conocido es propiedad de la Administración. Si el hallazgo se hubiera producido hoy, los cuencos serían para la Comunidad Autónoma de Euskadi, pero entonces se conjugaron varios factores: que mandaba la Administración central, que en Gipuzkoa no había un museo público de garantía... y así los cuencos fueron a parar a Madrid.
- ¿Y otros yacimientos que le han dado grandes satisfacciones?
- Son tantos... Berroberria, en Urdax, ha estado muy bien. Lo ideal es seguir todo el proceso; no es que desconfíe de otros, es como el médico que quiere seguir todo el protocolo. Es una actitud en apariencia anticuada. Hay muchos sitios interesantes. En Navarra he trabajado mucho, porque allí se pagaron muchas excavaciones.
- Comentemos algunos yacimientos más.
- En Aribe, en la Aezkoa, mi esposa ha encontrado una mujer enterrada. Está entera. Puede ser la navarra más antigua, pues data del 6.000 a.C. Ahora tenemos en el equipo a una especialista que analiza los restos de maderas. Se filtran las tierras en agua y quedan flotando partículas de madera quemada. Y ahí te das cuenta de que aquellas gentes del Mesolítico quemaron primero los arbustos de los alrededores, luego usaron las maderas buenas y finalmente se valieron de maderas que arden mal y dan poco calor.
- ¿Le ha tocado vivir muchas veces el instante mágico de cuando al mover un poco la tierra aparece la pieza valiosa?
- Sí, algunas veces. Pero en muchas ocasiones el yacimiento te avisa, se ve venir la pieza. Y en otras ocasiones se te acerca un chico o una chica y te dice: oye, mira, está saliendo aquí una cosa...
«¿El sentido de las pinturas? Yo no estaba allí»
- Su especialidad es...
- La estratigrafía del Paleolítico Superior Avanzado, del 15.000 al 10.000 antes de Cristo. Y últimamente me ha dado por el arte mueble.
- Y me imagino que así como los sílex muestran que aquellas personas se movían de un lado para otro, el arte mueble indicará algo parecido.
- Hay temas muy concretos que se repiten en zonas muy separadas en el espacio. Por ejemplo, hay detalles que aparecen en Cantabria-Asturias y en el Pirineo Central francés, y sin embargo no han aparecido todavía en Vizcaya-Gipuzkoa. Uno podría decir: las han hecho aquí y las han llevado quinientos kilómetros al oeste.
- Hay grandes joyas en arte mueble.
- A mí me impresiona ese arte, en parte, por las aptitudes mentales que se ven en las obras. Quizá la pieza más hermosa del País Vasco sea el hueso de Torre, una cueva de Oiartzun. Es un cúbito de alcatraz, de 18-19 centímetros. Ahí hay unas figuras grandes y otras más pequeñas. Tendemos a pensar que la persona que hizo eso primero grabó las figuras grandes y luego llenó los huecos con las pequeñas. Pues no, fue al revés, y eso quiere decir que el autor de la obra tenía un esquema mental acerca del conjunto de la obra artística.
- Usted fue el director de la tesis de Xabier Peñalver, el arqueólogo que ha dirigido las excavaciones de Praileaitz.
- Era una tesis doctoral muy interesante, sobre los cromlech. He estado en contacto con Peñalver con motivo del problema de Praileaitz, me pidió que redactara un manifiesto y lo hice. Ese documento, anterior a que aparecieran las pinturas de puntos, luego fue apoyado por personalidades de otros países. Me considero un fuerte defensor de la preservación de la cueva y el entorno. Eso sí, no conozco las últimas noticias.
- ¿Qué significado tienen las pinturas rupestres? ¿Por qué las hicieron?
- Hay diferentes teorías. Esa misma pregunta se la hicieron a José Miguel en una conferencia. Y respondió: «Yo no estaba allí».
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lunes, 4 de febrero de 2008
Beasain festeja a su patrón San Martín de Loinaz
La vida de San Martín de Loinaz ha sido plasmada en varios libros y en un cómic. El martes, Beasain festejará a su patrón, disputado por tres municipios.
J.U.
BEASAIN. DV.
El próximo martes el municipio beasaindarra festejará a su patrón Martín de Loinaz y Amunabarro. Un beasaindarra cuya vida y orígenes han sido objeto de pleito y discusión durante largos años y especialmente en aquellas décadas en las que destacaba más el querer atribuirse ese derecho de tener un hijo del pueblo elevado a los altares, mucho más que divulgar su mensaje de defensa de los más desfavorecidos.
Martín de Loinaz, nacido en 1566 en el caserío Amunabarro (hoy día ubicado tras la basílica) y muerto alanceado en Japón un 5 de febrero de 1597, estudió y dio clases en la Universidad de Alcalá de Henares, tomando el hábito franciscano. En el afán de aventura, de conocer el nuevo mundo, le llevó a Japón donde destacó en su defensa de los derechos de los más desfavorecidos.
De todos es conocido el pleito mantenido tras su muerte entre Beasain y Bergara, terciando también el municipio vizcaino de Ibarrangelua.
Esta realidad ha dado lugar a que sobre el santo beasaindarra, sobre su vida y obras y en torno a la disputa sobre su patria, se han vertido ríos de tinta plasmados en manuscritos, declaraciones, manifiestos y una serie de libros y hasta un bien realizado cómic presentado en 1997 en los actos de Loinatz-97. Los libros y manuscritos de más antigüedad datan en torno a 1700; el último es el publicado por el historiador franciscano Martín Mendizabal titulado Un guipuzcoano ignorado San Martín de la Ascensión Loinaz y Amunabarro. En el S.XX vieron la luz otras tres publicaciones en torno al tema. También terciaron las firmas de Pablo Gorosabel o Serapio Mujika entre las de los muchos escritos.
50 veces en JJ GG
Además el santo beasaindarra ha estado presente en más de medio centenar de órdenes del día de las distintas reuniones celebradas por las Juntas Generales de Gipuzkoa desde 1656 hasta la celebrada en Beasain por vez primera el año 1997. Las Juntas Generales de Gipuzkoa celebradas en 1842 en Oñati acordaron levantar la actual basílica en forma de cruz griega siendo su coste de 88.000 reales de vellón de los que 66.000 abonó la Diputación Provincial y 22.000 el municipio.
Beasain además le dedicó su plaza principal y la estatua, obra del escultor Amador Lucarini, ubicada en el Paseo de Gernika, levantada por suscripción popular en 1962.
En torno a la plaza relatan los archivos municipales que instaurada la Republica, el Ayuntamiento beasaindarra procedió a cambiar la denominación de algunas calles sustituyéndolas por las de líderes socialistas. A la Plaza San Martín de Loinaz se le pretendía poner Plaza de la República, y es cuando el pueblo se echó encima y el Ayuntamiento se vio obligado a desistir de la idea, trasladando el cambio a la hoy de Bideluze y antaño, en la etapa anterior, Plaza de España.
Misa y volteo
La misa en honor al santo se celebrará el martes a las 11 de la mañana en la Parroquia de la Asunción, presidida por el beasaindarra Arturo García y concelebrada por los sacerdotes del Goierri. La novena se dará por finalizada la víspera con el canto de la Salve. Al festejo beasaindarra, como sucede cada 4 de febrero, se unirá Ordizia a donde llegó la noticia de su martirio, dedicando el mejor de sus volteos de las campanas de su parroquia a su convecino el que luego sería San Martín de Loinaz.
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domingo, 3 de febrero de 2008
Don Blas de Lezo (1689 - 1741)
El Almirante Don Blas de Lezo y Olavarrieta, apodado Patapalo o Medio hombre, fue un marino de reconocido talento y genialidad y uno de los mejores estrategas de la historia de la Armada Española, cuya brillante carrera aseguró el dominio marítimo del Imperio Español durante 60 años más. También es uno de los mayores desconocidos.Retrato del almirante D. Blas de Lezo.(Foto de www.elgrancapitan.org)
Nació el 3 de febrero de 1689 en el actual Pasajes de San Pedro, donde todavía se conserva su casa, aunque en su época pertenecía a San Sebastián. Miembro de una familia de ilustres marinos, se educó en un colegio de Francia y salió de él en 1701, para enrolarse en la armada francesa, pués la española era apenas inexistente, la situación era calamitosa y lamentable, fiel reflejo del descalabro económico y la decadencia de los Austrias.
En 1704, muere sin descendencia Carlos II y estalla la Guerra de Sucesión en España. Lezo se embarca en la escuadra francesa, como guardiamarina a las órdenes del gran almirante de Francia, el conde de Toulouse, Alejandro de Borbón, hijo de Luis XIV. Frente a Vélez-Málaga se produjo el 24 de agosto de ese año la batalla naval más importante del conflicto. En dicho combate se enfrentaron 96 naves de guerra franco-españolas (51 navíos de línea) y 68 navíos de línea anglo-holandeses, con 1.500 y 2.700 bajas, respectivamente.
Blas de Lezo participó en aquella batalla batiéndose de manera ejemplar hasta que una bala de cañón le destrozó la pierna izquierda, teniéndosela que amputar, sin anestesia, por debajo de la rodilla. Cuentan las crónicas que el muchacho no profirió un lamento durante la operación. Debido al valor demostrado en aquel trance y en el propio combate, es ascendido a Alférez de Bajel de Alto Bordo por Luis XIV y se le ofrece ser asistente de cámara de la corte de Felipe V. Rechazó estar en la corte, pues ambicionaba conocer la artes marineras y convertirse en un gran comandante.
En 1705 vuelve a bordo y aprovisiona la asediadas Peñíscola y Palermo. Después de esto hostiga el comercio de Génova teniéndose que enfrentar al británico Resolution, que se rinde ante el marino vasco. Continúa patrullando el Mediterráneo apresando numerosos barcos ingleses realizando valientes maniobras con un arrojo impropio, tanto es así que se le premia permitiendo llevar sus presas a Pasajes, su pueblo natal.
En 1706 es requerido por sus superiores y se le ordena abastecer a los sitiados de Barcelona al mando de una pequeña flotilla. Sirviéndose de su aguda inteligencia realiza su cometido brillantemente, escapando una y otra vez del cerco que establecen los ingleses para evitar el aprovisionamiento.
En 1707 se le destina a Tolón donde combatió en el ataque que a dicha plaza y puerto dio el duque de Saboya, distinguiendose en la fortaleza de Santa Catalina, donde toma contacto con la defensa desde tierra firme en combate contra los saboyanos. En esta acción, tras el impacto de un cañonazo en la fortificación, una esquirla se le aloja en su ojo izquierdo, perdiendo para siempre la vista del mismo. Tras una breve convalecencia es destinado al puerto de Rochefort donde es ascendido a Teniente de Guardacostas.
En 1710 realizará otra gran gesta rindiendo una decena de barcos enemigos, el menor de 20 piezas, y sometiendo en un impresionante combate al Stanhope, que le triplica en fuerza. Lezo es herido y ascendido a Capitán de Fragata. Combate de una fragata española con el navío británico Stanhope. (Foto de www.elgrancapitan.org)
En 1712 pasa a servir a la incipiente Armada española en la flota de Andrés del Pez, quien maravillado ante la valía de Lezo, emitió varios escritos de recomendación.
En 1713 es ascendido a Capitán de Navío.
En 1714 en el asedio a Barcelona, se acerca con demasiado ímpetu a sus defensas y recibe un balazo de mosquete en el antebrazo derecho, quedando la extremidad sin apenas movilidad hasta el fin de sus días. De esta manera con sólo 25 años tenemos al joven Blas de Lezo tuerto, manco y cojo.
En 1715 al mando de Nuestra Señora de Begoña y ya repuesto de sus heridas se dirige en una extensa flota a reconquistar Mallorca, que se rinde sin un solo fogonazo.
En 1716 parte hacia La Habana escoltando una flota de galeones en el Lanfranco. A su vuelta a Cadiz el barco es retirado del servicio por su mal estado y Lezo se queda allí.
En 1720 le dan un nuevo barco integrado dentro de una escuadra franco-española con el cometido de limpiar de corsarios y piratas los llamados Mares del Sur.
En 1723 la escuadra franco-española se separa y es puesto al mando de la española siendo ascendido a General de la Armada.
La escuadra del Sur, compuesta por 3 navíos en mal estado, es puesta a punto y vence primero a 5 navios holandeses y luego a 6 ingleses, pudiendo asi ampliarla con 3 barcos capturados.
Lezo se enfrenta al nuevo Virrey, quien intenta poner a amigos y familiares en puestos de la armada. El virrey desguaza la escuadra y deja de pagar a Lezo, con lo cual éste pide el retiro.
En 1730 regresa a Cádiz como jefe de la Escuadra del Mediterráneo y pagándosele lo debido, tras la intercesión de Patiño, el ministro de la Marina, sabedor de la necesidad de gente así en la Armada.
En 1731, se distinguen y reconocen los servicios del almirante al Rey, señalándose como distintivo para la nave capitana de Blas de Lezo, la Real Familia, el escudo de armas de Felipe V. Recibe órdenes de recuperar dos millones de pesos que el Banco San Jorge de Génova retenía a la corona española. Demanda lo adeudado y da un plazo de 24 horas para su entrega amenazando cañonear la ciudad, que finalmente entrega los dos millones, pero además es obligada por Lezo a rendir honores a bandera española antes de partir de nuevo a la península.
En 1732 participa en la reconquista de Orán.
En 1733, socorre la ciudad que estaba siendo sitiada.
En 1734 es ascendido a teniente general de la Armada.
En 1737 dirige una flotilla de galeones hacia Cartagena de Indias, ya que se le ha encomendado su defensa como Comandante General de la ciudad.
Cartagena de Indias, llamada “la llave del Imperio”, era un punto de una importancia geoestratégica capital, por allí pasaban las mercancías provenientes de la península y las posesiones españolas de América del sur. Su pérdida colapsaría el Imperio.
En 1739 Inglaterra declara la guerra a España. Será conocida como la Guerra de la oreja de Jenkins.Monumento a Blas de Lezo delante del castillo de San Felipe, en Cartagena de Indias. (Foto de Marco A. Gandarillas)
En 1741,los ingleses mandan a su "armada invencible" a la conquista de Cartagena, la segunda flota más grande de todos los siglos, después de la armada que atacó las costas de Normandía en la Segunda Guerra Mundial.
Los datos varían según las fuentes pero la escuadra británica debió componerse de 180 embarcaciones, 23600 combatientes y unas 3000 piezas artilladas, por contra las defensas de Cartagena no pasaban de 3.000 hombres entre tropa regular, milicianos, 600 indios flecheros traídos del interior, más la marinería y tropa de desembarco de los seis únicos navíos de guerra de los que disponía la ciudad.
Fue tan colosal la derrota de los ingleses que aseguró el dominio español de los mares durante más de medio siglo hasta que lo perdió en Trafalgar, cosa que la historia inglesa no reconoce. Humillados por la derrota, los ingleses ocultaron monedas y medallas grabadas con anterioridad para celebrar la victoria que nunca llegó. Tan convencidos estaban de la derrota de Cartagena que pusieron monedas en circulación que decían en su anverso: «Los héroes británicos tomaron Cartagena el 1 de abril de 1741» y «La arrogancia española, humillada por el almirante Vernon».
El héroe falleció el 7 de septiembre en dicha ciudad al contraer la peste, enfermedad generada en la ciudad por los cuerpos insepultos ocasionados por los sucesivos combates.
Pocos fueron los que acudieron a su entierro por temor a las represalias del Virrey de la ciudad, Eslava. Este último había tenido continuados enfrentamientos con Blas de Lezo a causa de las decisiones tomadas en la defensa de la ciudad durante el sitio inglés. La situación fue tan cruel que incluso muerto fue destituido aunque posteriormente se rehabilitó su figura y se le concedió a título póstumo el marquesado de Ovieco.
Su memoria es honrada por la Armada Española, donde su nombre se recuerda con el mayor honor que puede rendirse a un marino español, siendo costumbre que exista un navío de la Armada bautizado con su nombre.
El 12 de noviembre de 1955 se efectuó un doble homenaje. En Pasajes de San Pedro se descubrió un cuadro de G. Hombrados Oñativia, en la Tenencia de Alcaldía y una lápida en la casa solar de los Lezo, del escultor Emilio Laiz Campos. Con la misma fecha se inauguraba en Cartagena de Indias la entrega simbólica de la estatua que España regalaba al pueblo colombiano.
En la parroquia de Pasajes de San Pedro se ha conservado una lápida sepulcral, una reserva de sepultura, a nombre de Blas de Lezo. La placa de Lezo se conserva en el museo de San Telmo y en la iglesia de San Pedro se expone una réplica.
Aquí se puede escuchar la biografía de Blas de Lezo narrada por Juan Antonio Cebrián en su programa La Rosa de los Vientos:
Pasa saber más:
www.elgrancapitan.org(Artículo recomendado)
www.cabovolo.com
efemerides.zoomblog.com
www.elguaridadegoyix.com
La Invencible inglesa en Cartagena de Indias
www.todoababor.es
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miércoles, 9 de enero de 2008
1866 La "tumba inmensa" se tragó a Mari
D.V - 09.01.08
MIKEL G. GURPEGUI
En el santoral donostiarra, en nuestro calendario no sólo religioso, tenemos marcado el 9 de enero. Desde el año de la tragedia, desde 1866, hay que glosar en días como hoy la figura de uno de los pocos donostiarras que han pasado a la memoria colectiva con la categoría de héroes.
Desde luego, José María de Zubía, Mari, fue el héroe absoluto, el hombre bueno al que la vida convirtió en especialista en socorrer a náufragos.
Aquel lobo de mar zumaiarra asentado en San Sebastián intervino en varios salvamentos, aunque el que le daría mayor fama y la Gran Cruz de la Beneficencia fue el que protagonizó en julio de 1861. Mari se lanzó entonces al mar embravecido, como patrón de una lancha tripulada por otros nueve marinos, para salvar la vida de los náufragos de una embarcación destrozada por las rocas de la Zurriola.
El generoso Zubía fue un héroe hasta en la manera de encontrar la muerte. Ocurrió tal día como hoy, el 9 de enero de 1866. Un temporal puso en grave peligro a unos arrantzales junto a la isla de Santa Clara. Mari y otros salieron a socorrerles. Cuando ya les habían puesto a salvo, una mala ola hizo volcar su trainera. Otra embarcación hubo de salir para ayudarles.
Según descripción de Antonio Peña y Goñi, «recoge a los náufragos de la lancha de Mari y vuelve con ellos a tierra, en medio del entusiasmo general. Todos están allí (...), todos ¿ay! menos el héroe. Ha desaparecido instantáneamente, se lo ha tragado la tumba inmensa (...). No le han visto los compañeros, no se han dado cuenta de la desaparición de Mari, en aquella tragedia inaudita que ha arrastrado al gigante y lo ha sepultado para siempre en los abismos del mar».
La muerte de Mari conmocionó a los donostiarras. Aunque asociemos la fiesta a la alegría, en los Carnavales donostiarras de 1866 hubo una comparsa triste. Una carroza alegórica fue la vía de expresión del sentimiento popular. Y sirvió para recaudar fondos con que crear ese monumento en el Muelle donostiarra a la memoria del héroe.
Joaquín Jamar escribía al día siguiente de la desaparición de Mari en el periódico: «Hijos del mar que arrastráis vuestra penosa existencia entre los rudos embates del proceloso elemento, seguid sus huellas; imitad su ejemplo. Que la memoria de Mari aliente vuestros esforzados corazones cuando el mísero náufrago os tienda los brazos al rugir la tempestad».
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