domingo, 24 de noviembre de 2013
Macacos y renos a la sombra de Udalatx (Mondragón)
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Jonathan
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martes, 29 de enero de 2008
De San Valerio a Santa Águeda (Mondragón)
San Valerio, San Blas y Santa Agueda encarnan las tres festividades que preludian la próxima primavera. Su fervorosa celebración desde épocas inmemoriales ha decaído notablemente en la sociedad actual.
KEPA OLIDEN
ARRASATE. DV.
San Valerio, San Blas y Santa Águeda se agolpan en el calendario que preludia la primavera próxima a llegar. Son tres festividades de honda raigambre tradicional pero cuya vigencia se va diluyendo en la vorágine de una sociedad actual dominada por la pseudocultura audiovisual.
Pero la historia nos enseña que estas tres celebraciones, cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos, gozaron del favor de los mondragoneses durante siglos y siglos. Y aún hoy perviven algunos ritos, como son los coros de Santa Águeda.
La tradición del «santaeske», en que los «santagedamutilak» reciben diversas viandas en pago a su interpretación de las antiguas coplas de salutación, queda actualmente restringida a la víspera de la festividad de Santa Águeda, esto es, el 4 de febrero. Se trata del último vestigio de una costumbre que tiempo atrás arrancaba el día de San Valerio (29 de enero) y era protagonizada por los monaguillos de la parroquia de San Juan Bautista.
Como recoge en sus apuntes el desaparecido historiador local José María Uranga (1916-2005), «durante los días anteriores al 5 de febrero, desde el día de San Valerio y empezando por aquel barrio, los monaguillos de la parroquia recorrían los caseríos de los barrios pertenecientes a la misma, así como las casas de la calle, cantando los versos de la santa y las coplas de salutación y postulación. Recogían así algún dinero y productos (comestibles), en compensación por los servicios que prestaban durante el año en la iglesia».
Los monaguillos no eran, sin embargo, los únicos en echarse a los caseríos y calles a realizar el «santaeskean». Durante los dos o tres días previos (a la festividad de Santa Águeda), «algunos asilados del Santo Hospital hacían los mismo postulando alguna limosna para este centro benéfico». Con todo, subraya Uranga, «era la víspera de la santa cuando grupos de mozos, ataviados con blusas, boinas y bastones y siempre acompañados de un acordeonista, hacían la tradicional ronda, cantando las coplas de la santa y otras alusivas a la esplendidez o tacañería de los donantes, así como a la hermosura de las doncellas o a la dignidad de la 'etxekoandra'.
San Blas
Otras costumbres, como la bendecir panes y rosquillas por San Blas (3 de febrero), perduran todavía en las iglesias de Mondragón, pero la romería históricamente se celebraba en la ermita de San Josep desapareció con el abandono y ruina de dicha capilla en 1958.
La disolución en aquel año de la Cofradía de San Josep, a la que pertenecía dicha ermita, abocó a la ruina a este pequeño templo.
En él se guardaban, además de las figuras del patrón San Josep y de la Virgen Blanca, las imágenes de San Andrés y de San Blas. Ambas procedían de la desaparecida ermita de San Andrés que existió en Bedoñabea hasta su clausura en 1770.
La veneración por San Blas se mantuvo en la ermita de San Josep hasta su clausura.
Uranga afirma que era costumbre extendida «acudir a ofrendar rosquillas y merienda a San Blas para que protegiera la garganta de los niños y les soltase el habla». No hay que olvidar que San Blas es considerado el abogado de los males de garganta y protector de los niños.
Al obispo de Sebaste (Armenia), martirizado por los romanos en el año 316, se le atribuye la curación milagrosa de un niño moribundo a causa de una espina atravesada en la garganta.
San Valerio
Y dejando el primero para el final, San Valerio, patrono de los legendarios venaqueros (mineros) de Mondragón, cuya festividad se celebra el 29 de enero, gozó de enorme veneración en la villa. No en vano, los mineros o venaqueros que desde tiempos inmemoriales se dedicaban a la extracción de mineral de hierro en las venera de Udalatx constituían, ya en tiempos de la fundación de la villa de Mondragón -en el año 1.260- una de las más notorias y poderosas organizaciones de que se tiene noticia en la historia local: la Cofradía de Venaqueros de San Valerio.
Los cofrades de San Valerio tenían su sede social en la ermita del mismo de Mietzerreka, y su actividad profesional, social y espiritual estaban tan bien establecidas que en 1434 redactaron unas Ordenanzas que el rey castellano Juan II sancionó en 1437 y que copió para regular la actividad minera en todo su reino.
Cofradía de San Valerio
La Cofradía de San Valerio, cuyo origen podría perfectamente ser muy anterior a las Ordenanzas redactadas en en 1434, fue languideciendo poco a poco a medida que se fueron agotando los yacimientos de hierro en el siglo XVIII. La Cofradía aún perduró hasta su disolución el 4 de diciembre de 1958.
En el caso de los venaqueros de Mondragón la prohibición de trabajar los jueves era taxativa, vestigio de la semana pagana vasca: astelehena (lunes), asteartea (martes), asteazkena (miércoles) eta jaia (jueves). Por influjo del cristinanismo, tampoco se podía trabajar los domingos.
El incumplimiento de descansar los jueves incluso estaba penado con una multa de mil maravedíes. Obviamente, las sanciones se producían como consecuencia de la denuncia de algún cofrade. Previendo la posibilidad de disputas entre denunciante y denunciado, las Ordenanzas estipulaban que en el caso de suscitarse algún pleito, se exigiría a ambas parte juramento ante San Valerio, y quien diese falso testimonio era penado con una dobla de oro.
Esta medida demuestra la devoción que los venaqueros profesaban a su patrón. La leyenda popular atribuye a la presencia del propio San Valerio en Mondragón el origen de tal devoción.
La creencia sostiene que el santo, a la sazón obispo de Zaragoza, se escondió en la cueva de Galarra en su huida a Francia tras ser expulsado por el emperador Daciano de la todavía romana ciudad de Cesaragusta en el siglo IV.
En cualquier caso, la antigüedad de esta devoción concordaría con el carácter inmemorial de las explotaciones mineras que se venían desarrollando en las faldas de Mietzerreka ya desde antes de la llegada de los romanos.
La tartamudez del santo
Otra leyenda popular atribuye a San Valerio el defecto de la tartamudez. No falta, sin embargo, quien como el sacerdote arrasatearra Ibon Aperribai, rebate esa creencia argumentando que el santo nacido en Roda de Isábena (Huesca) pudiera ser que no se desenvolviera muy bien en latín -a la sazón lengua oficial del imperio durante su episcopado en Zaragoza- porque su idioma materno bien podía ser el euskara.
Para Aperribai no resulta aventurado pensar que en la localidad oscense de Roda de Isábena, al igual que en toda la actual provincia de Huesca, «se hablaba el euskara».
Esta teoría se fundamente en la ingente cantidad de topónimos de origen euskérico que pueblan aquellas tierras oscenses.
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viernes, 21 de diciembre de 2007
Feria de Santo Tomás
La plaza de la Constitución de la Parte Vieja, el año pasado.(Foto de karlos corbella, Noticias de Gipuzkoa)
Las Navidades en Guipúzcoa comienzan prácticamente el 21 de Diciembre, dia de Santo Tomás. Normalmente suele ser el último día de clase y en muchos pueblos se celebra una feria rural, la gente, sobre todo los niños y jóvenes se visten de caseros o "baserritarras" y todo el mundo degusta el plato típico del día: el tradicional pincho o bocadillo de chistorra (txistorra).
La principal feria de la provincia es, como no, la que se celebra en la capital, San Sebastián (Donostia).
Su origen se remonta al siglo XIX, cuando la mayor parte de las fincas rústicas o caseríos de Guipúzcoa eran cultivados por arrendatarios cuya situación jurídica se transmitía de padres a hijos a través de las generaciones. Entre dueño y colono existía una relación paternalista. La renta se pagaba en fecha fija -normalmente el día de San Martín- aunque acostumbraba a retrasarse hasta Santo Tomás, 21 de Diciembre.
El propietario que no cultivaba las tierras vivía en la ciudad. Numerosos "baserritarras" se desplazaban hacia San Sebastián en ese día con el dinero de las rentas y un par de capones. Los caseros aprovechaban su venida a la capital para aprovisionarse de artículos que no existían en el modesto comercio de los pueblos vecinos y, a su vez, para vender los mejores productos del caserío. Se hizo necesaria la celebración de una feria y así surgió la de "Santo Tomás", en la Plaza de la Constitución.
Pero aunque esta feria sea la más importante, no es la más antigua. La de Mondragón (Arrasate), que se remonta como mínimo hasta el siglo XIV, fue antes la principal, llegando a durar 3 días, 21, 22 y 23, aunque hoy sólo se celebra un día, el 22, para no coincidir con la donostiarra.
Los "Santamasak" mondragoneses se remontan a la noche de los tiempos. Sólo se sabe a ciencia cierta que Pedro I el Cruel, Rey de Castilla, autorizó y legalizó esta feria en 1351. Evidentemente, para aquel tiempo la feria tendría ya mucha historia sobre sus espaldas merced a la importante concentración de mercaderes y tratantes que reunía esta feria estratégicamente localizada en el corazón de los territorios de Guipuzcoa, Vizcaya y Alava. Concretamente, hasta 1727, tenía por escenario las inmediaciones de la ermita de San Valerio, uno de cuyos altares estaba dedicado a Santo Tomás. San Valerio, dicho sea de paso, era el patrón de los venequeros o mineros que trabajaban en el Monte Udalacha (Udalatxa), y cuya materia prima (hierro) servía de base para la elaboración del famoso acero de Mondragón.
Nadie sabe con certeza por qué el barrio de Mietzerreka, también conocido como Veneras, fue el marco original de la Feria de Santo Tomás. Pero la hipótesis más pausible apunta a la constatación de que este barrio, con sus minas de hierro, fue el centro neurálgico de la próspera economía mondragonesa. La villa entera dependía literalmente del mineral oculto en las faldas de la peña de Udalatx.
A comienzos del siglo XVIII, un hecho tan luctuoso como la muerte de dos personas a cuchilladas en el transcurso de una reyerta, (como recuerdan dos cruces que se levantan en el sitio), fue la causa de que la feria y romería de Santo Tomás se trasladaran del barrio de Mietzerreka, donde se venía celebrando tradicionalmente. A partir de 1727 las ferias empezaron a celebrarse junto a las murallas del pueblo, en el Portal de Abajo -hoy denominado Portalón- donde se desarrollaron hasta 1926, año en que pasaron a ubicarse en el enclave de Uherkape, conocido como "ferixal lekua".
Con el cambio de escenario, la fiesta no perdió brillo. Se mantenía los tres días de feria, el 21, 22 y 23, y la concurrencia de expositores era muy nutrida. La demanda tampoco era pequeña en estas fechas previas a la Navidad, en las que quien más quien menos se estira un poco. Además, constituían la última feria del año y, dada la variada oferta, muchos vecinos aprovechaban para adquirir las prendas o calzado necesario para todo el año. Tampoco hay que olvidar que era cita obligada para baserritarras que bajaban a liquidar el ineludible pago de la renta.
Con el paso de los años y los consiguientes cambios sociales, la feria que arrancaba el día 21 fue perdiendo peso a favor de la romería del día 22.
Fuentes:
www.destinospaisvasco.com
www.euskonews.com
www.kulturweb.com
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