Una fuente prehistórica es localizada debajo de los terrenos de la Cruz de Arrate. Los expertos llaman "fuente ciega" de origen prehistórico, a esta aparición. Ha sido localizada en un estudio geológico para instalar un mirador.
30.04.09 - ALBERTO ECHALUCE
EIBAR. DV. Eibar nunca ha acogido yacimientos o vestigios prehistóricos de importancia. La ausencia de testimonios escritos y la escasez de huellas materiales hacen que el estudio de esta época sea siempre una empresa lenta y dificultosa. Y, sin embargo, en estos primeros pasos de la civilización se encuentran las raíces del mundo actual: la elaboración de los primeros utensilios, el nacimiento del arte, la invención de la ganadería y la agricultura, la aparición de las ciudades.
No obstante, en el momento, en el que se estaba acometiendo el estudio geológico de los terrenos para la instalación de un mirador en la Cruz de Arrate un experto conocedor de elementos prehistóricos y que trabaja con elementos de detección, Asier Arregui, localizaba lo que se llama una 'fuente ciega', justo debajo de la Cruz.
Dentro de la comisión de Medio Ambiente del Ayuntamiento se ha conocido ayer el informe de la existencia de esta fuente, «de claro origen prehistórico y con unas particularidades muy interesantes por estar en conexión con los solsticios», según explicó el concejal Jesús Rementeria (EA). Esta fuente está enterrada, justo debajo de la Cruz, sobre la que se origina la subida de vapor de agua y humedades en la zona. «Esta fuente se ha localizado por un experto en la materia, como Asier Arregui, aspecto que ha levantado una notable sorpresa en el seno de la comisión de Medio Ambiente y además debajo de la Cruz, en un sitio tan singular para Eibar», señalaba, Jesús Rementeria (EA).
Sin excavaciones
Incluso, el informe técnico señala que la fuente sigue unas normas geométricas «en base a cuatro direcciones según los solsticios. Es algo curioso todo esto. Además, el enclave tiene un carácter estratégico muy importante, sobre el que se divisa todo el valle y sobre el que se pudo contar incluso con algún pequeño asentamiento», expresó Rementeria.
Pese a todo ello, el Ayuntamiento no piensa establecer un plan de excavaciones geológicas o arqueológicas, a corto plazo, para conocer las construcciones prehistóricas que puedan existir, dado que la prioridad es la construcción de una mirador en la Cruz de Arrate y otro en Santa Cruz. Además, estos últimos proyectos deberán ir acompañados también de la compra de terrenos.
«Únicamente, vamos a adecentar todo el área. Si se sabe que estas fuentes ciegas están cerca de muchas ermitas y su emplazamiento estaba en relación al cambio de las estaciones y los solsticios, érmino astronómico relacionado con la posición del Sol», explicó Rementeria.
Dolmen en Kalamua
Begoña Azpiri, de la comisión Ego-Ibarra, expresaba la ausencia de vestigios prehistóricos en Eibar. «Desgraciadamente , las obras de construcción se han llevado mu cho patrimonio. Juan San Martín estudió los dólmenes y yacimientos que hay en Eibar y su comarca». Así, el escritor eibarrés, Juan San Martín, en el libro Antziñako Eibartarrak, ya indica el descubrimiento de un dolmen en Kalamua. En terrenos de Markina, se hallan los dólmenes de Olaburu y Diruzulo, explorados por Aranzadi-Barandiarán, que resultaban inéditos.
San Martín decía que «en un punto denominado Gorrotzia en la vertiente Este de Garagitxi, a 1,2 kilómetros al sureste. del monte Kalamua hallé, el 6-IV-1952, un túmulo de más de 10 m. de diámetro y de muy poca altura, cuyo verdadero carácter dolménico no he podido resolver. Se encuentra a 620 metros del término municipal de Eibar», describe Juan San Martín en este libro.
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jueves, 30 de abril de 2009
Hallada una fuente ciega prehistórica en Eibar
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domingo, 15 de febrero de 2009
Eibar destruye su historia
La feroz modernidad hace perder cada década casas e inmuebles históricos.
El posible derribo de la calle Estación supone un paso más en la desaparición de un edificio catalogado como de interés arquitectónico. El Palacio de Indianokua, la Casa Mallea, Kontaderokua, Ibarbekua, pérdidas históricas.
15.02.09 - ALBERTO ECHALUCE
EIBAR. DV. El Eibar actual ya no se parece en nada a aquella villa que contó con importantes casas solariegas. El posible derribo de la estación de tren, edificio caracterizado por contar con interés arquitectónico, dejará a Eibar, aún más, con un escaso patrimonio histórico. Y es que, en el pasado, una serie de eibarreses como los Unzueta, los Zumaron, los Isasi, o los Mallea unieron su destino a la guerra, a la lucha política, para después edificar importantes conjuntos monumentales.
Quien en aquellos tiempos entrara en Eibar viniendo de Bizkaia se encontraría no con una sino con muchas casas singulares, por cierto, que sirvieron de orgullo a los antiguos eibarreses. A la entrada del mismo pueblo, en Olarreaga, se mantiene una solariega casa, con salto de agua, propiedad de la familia Mallea, nombre de otro inmueble singular, ya desaparecido cerca de la parroquia San Andrés, la casa Godoy. Más abajo estaba el Palacio Zumaran o Indianokua y en la actual Errebal, las casas señoriales de Kontaderokua e Ibarbekua, para finalizar este singular patrimonio con el Palacio Unzueta, en Azitain.
Entre los pocos monumentos vivos de Eibar están, sin duda, el Palacio de Markeskua unido a los desaparecidos convento de las monjas Concepcionistas de Isasi y la la Casa Torre Orbea, o casa Torre de Unzaga, gracias a la unión matrimonial de los Isasi con los Orbea.
El Palacio Markeskua tuvo importancia grandísima; recuperada por el Ayuntamiento, gracias a un proyecto de formación laboral y empleo llevado a cabo por la Escuela Taller.
Al hablar de la casa Isasi es preciso ocuparse de la fundación y existencia posterior del convento de las monjas de la Concepción Franciscana, hoy instaladas en la iglesia próxima al polideportivo de Ipurua. Este convento estaba enclavado justo frente al colegio La Salle Isasi y fue promovido por Martín López de Isasi y su mujer Domenja de Orbea.
El Palacio de Unzueta
Si venimos desde Azitain nos encontramos también con uno de los pocos vestigios del antiquísmo Eibar: el Palacio de Unzueta, una de las quince casas del bando oñacino. Sus moradores, Andres de Unzueta sirvió a las galeras de Sicilia y Nápoles; Cristóbal de Unzueta, posesor del grado de capitán ordinario y Juan de Unzueta comenzó su vida militar sirviendo a la compañía del capitán Francisco de la Torre. Por su parte, Pedro de Unzueta prestó sus servicios a las galeras de la compañía de Ramón de Cardona.
Subiendo hacia la misma Estación; su calle, no tiene parangón con aquél punto que acogía a los pasajeros y a las mercancías que llegaban en tren a Eibar. En la misma se encontraba el popular Hotel Comercio y el salón teatro Cruceta.
Más cerca, en la actual Ibarkurutze, se contó con una alhóndiga para almacenaje de vino. Cerca de Errebal estaba la casa Kontaderokua, actual bar Trinkete, en donde nació el pintor Ignacio Zuloaga, junto a Ibarbekua, otra casa famosa, y unos metros al lado se erigió una primera plaza del mercado, junto al convento de monjas agustinas -ahora instaladas en Lekeitio- que dio paso a la derribada plaza de Errebal, en el pasado mes de enero de 2008.
Mallea y Zumaran
Otro punto importante era la Casa Mallea, también conocida como Godoy, enclavada antiguamente frente a la parroquia San Andrés. «Era un círculo de reunión de personas relacionadas con posiciones moderadas y conservadoras en la política», recuerda el exalcalde, Antxon Yraolagoitia, quien consiguió incluso conservar un escudo de la casa, hoy guardado en el Museo de San Telmo. Pero sin duda una de las casas solariegas más importantes de la antigua villa que se llevó el furor de la construcción de viviendas fue sin duda el Palacio de Zumaran, más conocido como Indianokua, enclavado justo en donde hoy se encuentra el bingo del Arrate. Fue construido por Sebastián de Zumaran y Bustindui, entre los años 1777 y 1778. Zumaran era un indiano que hizo fortuna en las Américas y enviaba su dinero a Eibar para que se construyera una gran casa. Previamente, fue alcalde de Eibar, nombrado en 1638, con ocasión de la guerra de la frontera francesa, en sustitución de Martín Guisasola. Este palacio fue derribado en 1953. La última moradora de esta casa fue la propia abuela de Antxon Yraolagoitia. «Mi abuela, Manuela Biardeau vendió la casa para la edificación de viviendas».
Este palacio, del barroco tardío, está nombrado en el Diario de Jovellanos y en los Monumentos civiles de Guipúzcoa de Carmelo Echegaray. Su derribo fue seguido de una denuncia practicada por José Arteche. Según cuenta Antxon Yraolagoitia, «por lo menos se consiguió salvar parte de su fachada que está entregada al Ayuntamiento. El mismo pintor Ignacio Zuloaga quedó maravillado del escudo que ahora se conserva una parte». Junto a Indianokua existían también cientos de hectáreas de huertas que dierion paso a la edificación de la calle San Juan. «Indianokua contaba en el bajo con un dique separador del río, en donde muchos niños aprendieron a nadar».
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sábado, 2 de febrero de 2008
San Blas, entre tortas y cordones (Eibar)
En muchos hogares de Eibar se siguen haciendo las tradicionales opillas y en el resto de Gipuzkoa cada vez son más las pastelerías que elaboran este dulce de cara a la fiesta del domingo.
FELIX IBARGUTXI
SAN SEBASTIÁN. DV.
El día de San Blas, Eibar dejaba de oler a taladrina y olía a anís. En todas las casas se hacían tortas, y hoy el panorama sólo ha cambiado en parte: ya apenas hay talleres y fábricas con fresadoras y taladrina, pero las etxekoandres siguen haciendo tortas. El santo protector contra los males de garganta tiene muchos fieles en Gipuzkoa, pero sobre todo en Eibar, el sitio que mejor ha sabido conservar la tradición de las tortas de San Blas, que luego se bendicen en la iglesia. La festividad es este domingo.
Si uno abre el diccionario de euskera de la zona de Bergara -Bergara aldeko hiztegia- y consulta el vocablo San Blas-opilla (Torta de San Blas), se encontrará con el dato de que «esta tradición se ha extendido desde Eibar a los demás pueblos».
Hoy en día muchas pastelerías guipuzcoanas ofrecen tortas de San Blas. Es un fenómeno relativamente reciente. Hace un par de décadas, lo hacían las de Eibar y su contorno, y pocas más. Y, paralelamante, las tortas siguen siendo un asunto doméstico cuya elaboración se hereda de madres a hijas. Se siguen haciendo en multitud de hogares.
Manteca o mantequilla
Margarita Olañeta ha publicado en más de una ocasión la receta, en la revista Eibar, a cuyo equipo directivo pertenece. Viuda de un eibartarra muy implicado en tareas culturales, José Mari Kruzeta, Margarita defiende el uso de la manteca: «Para mí, la manteca es fundamental. Si haces la torta con mantequilla, a los pocos días se queda algo dura. La que se hace con manteca dura mucho más. Mi marido era tremendamente aficionado y las tortas le duraban hasta sanjuanes».
Margarita no es nacida en Eibar, sino en Ermua, «y allí, cuando yo era pequeña, no existía la costumbre de hacer tortas en las casas. Se compraban en la panadería o en la pastelería y luego se llevaban a bendecir».
Cuando se casó con José Mari Kruzeta, la madre de éste se encargó enseguida de que la nueva mujer de la familia aprendiera la receta y se ejercitara todos los años.
Para un kilo de harina, usa seis huevos -cuatro de ellos enteros y de los otros dos sólo la yema-, 500 gramos de azúcar, dos sobres de levadura Royal, 150 gramos de manteca, una taza pequeña de leche y un poco de esencia de anís. No amasa toda la harina a la vez, sino que la va incorporando en varias fases. Y para la cubierta blanca, usa las dos claras que han quedado al margen del proceso anterior, junto con 200 gramos de azúcar glass y otro poco de esencia de anís.
Otra eibarresa, Rosa Gisasola -ésta afincada en San Sebastián- tiene también mucho que contar. En su negocio de la pastelería Barrenetxe ha dado a conocer a los donostiarras las bondades de esta torta dulce. «Nosotros usamos la fórmula de mi suegro, Antxon Barrenetxe -nos comenta-. Aunque era navarro, de Zugarramurdi, se amoldó muy bien a Eibar. Tenía un establecimiento que se llamaba Antxon. Está claro que antaño la torta se hacía con manteca de cerdo, pero nosotros ya no la hacemos así; usamos mantequilla». Las renombradas tortas de la casa Barrenetxe no llevan levadura, por lo que son más planas.
En su infancia y juventud en Eibar, Rosa conoció épocas en las que se hacían tortas en todas las casas «y todas las mujeres decían que la suya era la mejor. Yo recuerdo cómo íbamos a la iglesia para bendecir la torta y otros alimentos, por ejemplo pan, naranjas y chocolate. Todo iba envuelto en paños blancos, y los chavales levantábamos el fardo, procurando que lo tocase alguna de las gotas de agua bendita. Ese día nos daban fiesta en la escuela. El blanco de la torta siempre me ha hecho recordar las nevadas de Eibar en los años de mi infancia. En fin, cosas mías».
Pero hace cien años la bendición de las tortas no se hacía en la iglesia parroquial, sino en la ermita de Santa Inés, que los eibarreses dicen de santáiñes. Margarita Olañeta recuerda el comentario gracioso de su suegra: «Solía decir que, siendo niña ya crecida, las chicas se ponían en la zona de abajo y los chicos en el coro. El suelo del coro era de tabla, con muchas ranuras, y los chicos se pasaban todo el rato echando escupitajos a la zona de las chicas».
La torta está experimentando un fuerte auge comercial. Si hace una década se producía y vendía en los días previos a San Blas, ahora se comercializa a lo largo de varios meses. Y se elabora en las pastelerías de todos los pueblos, en parte por la simpleza de la fórmula. Una pastelería de Beasain, Gariona, comentaba a este periódico que este dulce se empezó a elaborar en la villa ferroviaria a mediados de la década de los 80. Mientras, la casa Barrenetxe de San Sebastián, proclama en el escaparate que las suyas son «las aúténticas tortas eibarresas». «A las amas de casa, lo que más complicado le resulta es la cubierta blanca, pese a que no tiene mayor misterio», prosigue Gisasola.
Hablando en términos muy generales, las tortas se pueden dividir entre las que tienden al bizcocho y las que son más compactas. En Eibar conviven las dos tendencias, y es de suponer que en épocas anteriores predominarían las compactas.
Así como la torta ha llamado siempre la atención de la gente, hay otro elemento gastronómico relacionado con San Blas que ha pasado más desapercibido: el rosco de pan. El llamado rosco de San Blas es un pan en forma de círculo con un amplio agujero en el centro. No muy lejos de Eibar, en An- tzuola, se estila este rosco, que se bendice en la ermita que lleva el nombre del santo.
Muchas ermitas
La ermita de Salluente, en Aretxabaleta, es otro lugar con una celebración de San Blas muy arraigada, al igual que la ermita de San Blas en Tolosa. Y Zerain, con su ermita de San Blas, tampoco se queda a la zaga. Este domingo habrá bendición de los alimentos en todas las parroquias de la provincia y en algunas ermitas.
Hay ermitas en honor a este santo en Antzuola, Aretxabaleta, Bergara, Elgeta, Getaria, Tolosa y Zerain. Y tambiéen las hubo en Arrasate y Mutriku.
San Blas es también día de cordones. Eibar y los pueblos de alrededor han desarrollado la tradición de llevar también a bendecir un cordón que luego se pone en la garganta durante ocho días. «Y después hay que quemarlo. Les he dicho a los nietos que vengan el domingo, que los quiero ver con la torta y el cordón», nos cuenta Margarita Olañeta.
Los sanblases de Abadiño son muy renombrados. Miles de visitantes acuden ese día a esa localidad vizcaína, atraídos por la feria especial. Y allí se ponen a la venta los famosos cordones, que hay que llevarlos puestos al cuello durante nueve días. Lo que antes se decía «un novenario».
Andanzas del santo
Según la tradición, el santo, Blas de Sebaste, fue médico y obispo de la ciudad de Sebaste (Armenia) en el siglo IV. Hizo vida eremítica en una cueva del Monte Argeus, que convirtió en su sede episcopal.
Era conocido por sus curaciones milagrosas, tanto a personas como a animales. Salvó la vida de un niño que se ahogaba al trabársele en la garganta una espina de pescado. Éste es el origen de la costumbre de bendecir las gargantas el día de su fiesta.
Según una leyenda, se le acercaban también animales enfermos para que les curase, pero no le molestaban en su tiempo de oración.
Son fechas importantes en el calendario religioso. El sábado es el día en el que se bendicen las candelas, el domingo se bendicen los alimentos y el martes es Santa Agueda. Días también de frío, como dice el refrán: «Kandelarioz elurra dario, San Blasek lagunduko dio».
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