miércoles, 30 de abril de 2008

Sasiola, entre la historia y la desidia.

El monasterio debarra, del siglo XVI, se encuentra en ruinas con peligro de derrumbe. La Diputación Foral ha iniciado las gestiones para evitar su pérdida definitiva.

TERESA FLAÑO
San Sebastián. DV.

Al llegar al monasterio de Sasiola en Deba parece que el tiempo se detiene. Un paseo por las ruinas del antiguo convento de los franciscanos, rodeadas de una intensa vegetación, junto al río Deba, sólo se ve alterado por las sirenas que anuncian una voladura en la cercana cantera de Zeleta, donde se encuentra la cueva Praileaitz. Pero la realidad se impone y el tiempo no se ha parado para este edificio que está amenazado seriamente de ruina. Parece que su recuperación está un poquito más cercana, tras el anuncio el jueves de la semana pasada, por parte de la diputada de Cultura María Jesús Aranburu, de la habilitación de una partida de 75.000 euros por parte de la dirección general de Patrimonio Cultural, para realizar el proyecto de ejecución para la rehabiltiación y consolidación urgente del conjunto de Sasiola, para en años posteriores acometer las obras necesarias. Actualmente se están elaborando los pliegos para la licitación del proyecto de unos bienes protegidos por el decreto de calificación del Camino de Santiago.

Estas primeras medidas están orientadas a la realización de trabajos de rehabilitación de la iglesia y de consolidación del único tramo de bóveda que conserva la misma; consolidación de las estructuras exteriores como el claustro y la consolidación del retablo barroco en el que habrán de realizarse también trabajos de restauración.

A la única nave de la iglesia, de planta rectangular y de unos 30 metros de largo por casi 11 de ancho, se accede por el lateral de la fachada que da a una antigua pared de frontón. Se pasa al interior a través de un cancela deteriorada. Impresiona un gran arco rebajado que hasta los años 70 del siglo pasado soportaba el coro alto y que se derrumbó. La imagen es ciertamente desoladora, con bancos corridos amontonados, figuras de santos, vírgenes y ángeles decapitadas, sepulturas abiertas que dejan ver algunos restos humanos...

Entre tanto desastre llama la atención lo medianamente bien que se conserva el retablo. Si se mira hacia arriba se puede ver el tejado de madera, donde antes había una cúpula. Las tablas fueron colocadas en una reparación de urgencia en la década de los 70 pero que con el tiempo también se han ido deteriorando de forma que si se visita después de un día de lluvía es fácil encontrarse con charcos.

Diversas fechas

Hay datos que situan la construcción del edificio en 1503, por una cesión del matrimonio formado por Juan Pérez de Licona y su esposa María Ibáñez de Sasiola, aunque como señala el historiador Roque Aldabaldetrecu, hay indicios de que anteriormente podía estar funcionando como hospital. Se trata de la segunda fundación franciscana más antigua de Gipuzkoa, inmediatamente posterior a la de Arantzazu. Pero aún puede ser anterior. De un estudio de 2002 realizado por un equipo del master de Patrimonio Arquitectónico de la UPV, encargado por la Diputación y dirigido por Santiago Sánchez Beitia, se desprende que la organización conventual podría ser anterior al monasterio de Oñati.

La importancia del complejo de Sasiola desde el siglo XVI y hasta el XVIII provino de su condición de centro de carga de mercancías, gracias a que se encuentra situado junto al río Deba. El comercio del interior de la penísula, principalmente lana y manufacturas de hierro, se embarcaba en Sasiola hacia el mar, tomando rutas que incluían las Indias. En sentido contrario, los materiales que procedían del mar también se desembarcaban para iniciar el transporte al interior.

La situación estratégica en la que se encuentra esta pieza del patrimonio guipuzcoano dio lugar a tres elementos constructivos. El estado actual permite diferenciar la Casa Torre de Sasiola con las dependencias para el amacenamiento de mercancías y cobro de aranceles. En segundo lugar se distingue un hospital albergue de peregrinos del camino de Santiago; y en conexión con estos dos elementos se encuentra el convento de San Francisco, compuesto de iglesia, claustro y otras dependencias monacales. De estos elementos, la iglesia es la única construcción que se conserva prácticamente completa.

Sin interlocutor

Algunos terrenos se vendieron, pero la iglesia, tras la Desamortización de Mendizabal, quedó sin dueño. Esta situación creó problemas para que las administraciones realizaran actuaciones para recuperar el edifico, porque no había un interlocutor con quien negociar. A pesar de ello, la Diputación llevó a cabo en los años 70 la intervención de consolidación de la iglesia y retejo, que ha permitido que el edificio, y más concretamente el valioso retablo, se haya mantenido hasta ahora.

Esta joya, aunque también presenta daños, todavía refleja algo del esplendor que tuvo cuando fue construido por Tomás de Jauregui ,con posteriores añadidos de Francisco de Ibero, ejecutado por los maestros arquitectos mutrikuarras Domingo de Laca y Domingo de Pellón, y pagado por Andrés de Goicolea, vecino de Deba, que por medio de limosnas financió completamente la construcción y colocación de este monumento. Según documentos de la época estudiados por Roque Aldabaldetrecu, el 31 de enero de 1764 se dio fe de que el retablo había sido ejecutado y colocado en la iglesia. Siete años después se encontraron algunas imperfecciones y se le añadieron algunos elementos.

La pieza de gran formato se centra en la figura de San Franciso en éxtasis, colocado en el segundo piso, con San José a un lado y otros santos de la orden. Encima, en el ático, enmarcados por una moldura mixilínea, la Virgen con Jesucristo yacente. En el cuerpo principal y sobre la repisa están colocados otros bultos, destacando el de San Antonio, situado encima del sagrario. En general las imágenes no están policromadas aunque algunos santos si tienen pigmentos.

En 1971, ante la situación de ruina, con una enorme abertura en la techumbre, la Diputación ofreció a los franciscanos de Gipuzkoa trasladar el retablo a una de las casas de la orden. El superior provincial contestó en febrero de 1973 que la pieza debía mantenerse en su emplazamiento. Entre tanto, los vecinos de Deba crearon la Asociación Amigos de Sasiola para evitar la pérdida del patrimonio. El Colegio de Arquitectos Vasco Navarro encargó un proyecto para la restauración, realizado por Manuel Urcola, que nunca se llegó a realizar.

En la actualidad se encuentra en mejor estado del que cabría esperar teniendo en cuenta la situación de abandono en la que ha estado todo el edificio. Le faltan elementos decorativos y bultos en al menos dos de sus peanas, otros se encuentran dispersos por el suelo. Los técnicos que han realizado análisis aprecian que algunas de las piezas se han desprendido y presenta una importante capa de suciedad, pero se considera recuperable.


Ubicación: Sasiola se encuentra en la parte sur occidental del municipio de Deba, con el río como fronter natural de los municipios de Mutriku y Mendaro. Se puede acceder por medio de la N-634. Desde el casco urbano de Deba dista cuatro kilómetros.

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